COMENTARIO
«Centinela de la casa de Israel» (v. 17). El centinela era el encargado de la protección del pueblo advirtiéndole ante cualquier ataque imprevisto (cfr 2 S 18,24; Sal 127,1). El profeta, como centinela (cfr Is 21,6; Os 9,8; Ha 2,1), debe vigilar y anunciar las amenazas que se ciernen sobre sus oyentes (cfr Is 52,8; 56,10; Jr 6,17). Si éstos no atienden será por su culpa, pero si el profeta calla o pervierte el mensaje, se hará responsable de las consecuencias. San Gregorio Nacianceno aplica esta doctrina a la confianza que debe poner el pastor de la Iglesia en la obediencia a la palabra divina: «Ante el temor por la responsabilidad del mando, le servirá de ayuda la norma de la obediencia: Dios, por su bondad, recompensa la confianza y vuelve perfecto a un superior que ha confiado en Dios y ha puesto en Él su esperanza. Pero si se pone en peligro de desobediencia, no sé quién nos podrá ya ayudar o qué motivo podrá inducirnos a tener confianza. Corremos el peligro de oír que nos dicen, en relación con las personas que nos han sido encomendadas: Demandaré su sangre de tu mano (Ez 3,18)» (Apologetica [Oratio 2]113).
Más adelante, al comienzo de su segunda etapa, en un texto que algunos denominan relato de la nueva vocación, el propio Ezequiel insistirá ampliamente en la misma idea (33,1-9). También allí la imagen del centinela sugiere de inmediato la doctrina sobre la responsabilidad personal. San Gregorio Magno desarrolla la imagen del centinela aplicada al predicador y, entre otras cosas, señala: «La vida del centinela debe ser elevada y circunspecta. Alta para no sucumbir a la seducción de las cosas terrenas; circunspecta para no caer herido por las flechas sutiles del enemigo. Pero además, debe arrastrar a sus oyentes a cimas muy altas, y con sus palabras encaminar sus corazones, hacia el amor de la patria celestial» (Homiliae in Ezechielem prophetam 1,11,7).