COMENTARIO

 Ez 4,1-8 

Las acciones que reflejan el asedio de Jerusalén contienen múltiples detalles de cómo se preparaban las batallas de entonces. En Sumeria y Babilonia se han encontrado mapas de ciudades grabados en tablillas de arcilla. Es posible que Ezequiel hubiera podido ver mapas de ese tipo en su destierro en Babilonia.

Sobre los 390 días que estuvo tendido el profeta y que corresponden a otros tantos años de iniquidad (v. 5) se han dado muchas explicaciones. La versión griega de los Setenta corrigió por 190, que serían los años que estuvo disperso el reino del Norte, Israel, desde la toma de Samaría (722 a.C.) hasta el decreto de Ciro (530 a.C.). Si se mantiene el número de 390, la cifra podría referirse a los años de la monarquía desde que comenzó a reinar Salomón, aproximadamente el 970, hasta el 587 a.C., año en que fue asediada Jerusalén. De todos modos, estas cifras sólo quieren indicar que el Señor tiene establecidas exactamente las fechas de los acontecimientos. Y en este caso se subraya la misericordia divina, que por cada año de pecado impone sólo un día de castigo.

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