COMENTARIO

 Ez 4,9-17 

La escasez durante el asedio de Jerusalén será extrema: faltará agua, pan, combustible, todo. Ezequiel lamenta el racionamiento de pan y de agua (vv. 10-11), pero mucho más la necesidad de quebrantar las normas más elementales de pureza en los alimentos. Estaba prohibido mezclar en un mismo campo semillas distintas (cfr Lv 19,19; Dt 22,9), y, sin embargo, el profeta mezcla en la misma hogaza legumbres y cereales (v. 9). Todo lo que estuviera en contacto con los excrementos, y más si eran de personas (cfr Dt 23,13-15), quedaba impuro, por lo que estaba prohibido cocinar con estiércol, aunque fuera una práctica habitual en otros pueblos. Sin embargo, ante la carencia de cualquier material combustible, tuvieron que utilizar incluso excrementos humanos (v. 12). Sólo al profeta, ante el especial reparo en tomar alimentos impuros, se le permitió utilizar estiércol de bueyes (v. 15). La realización de estas prácticas era señal evidente de que estaba desapareciendo un elemento muy importante en la religiosidad israelita, al disiparse toda separación entre lo puro y lo impuro. Aquellos hombres estaban cerca de perder su identidad como pueblo.

«Recortaré el sustento de pan» (v. 16). Literalmente, «recortaré la vara de pan». Teniendo en cuenta que los panes, amasados como roscos, se guardaban colgados en varas (cfr Sal 105,16; Lv 26,26), recortar las varas equivalía a disminuir la reserva de pan en Jerusalén.

«Se consuman por su iniquidad» (v. 17). Parece una fórmula hecha (cfr Lv 26,39) que expresa el sufrimiento físico y moral del destierro.

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