COMENTARIO

 Ez 5,1-4 

La acción simbólica de rasurarse con la espada y las operaciones que hay que realizar con los cabellos evocan el castigo de los pueblos opresores, tal como se menciona en el oráculo del Enmanuel (Is 7,20). Refleja, por tanto, las severas desgracias que han de recaer sobre la ciudad de Jerusalén y sobre el pueblo entero: el fuego, la espada y la dispersión (v. 2). Además, si se tiene en cuenta que perder el cabello y la barba era considerado como algo ignominioso (cfr 2 S 10,4-5), la acción relatada aquí simboliza la máxima humillación del pueblo diezmado y deportado. De las diversas acciones ordenadas al profeta, es la única que será mencionada en el oráculo que anuncia la destrucción de Jerusalén (5,11).

Los que sobrevivan a la destrucción de Jerusalén quedarán como «el resto» resguardado al calor de la «orla de manto» del profeta (v. 3). El v. 4 es oscuro en el texto original. Probablemente indica que también entre los que regresen del destierro el Señor juzgará y condenará a quienes no observen una conducta íntegra.

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