COMENTARIO

 Ez 5,5 

«Ésta es Jerusalén». Con la añoranza del desterrado, Ezequiel canta la excelencia de su ciudad perdida, el «centro de las naciones», y lamenta la depravación a la que ha llegado, «más perversa» que la de los pueblos que causaron su ruina. El sentimiento profundo del profeta resuena en el grito dolorido de Jesús ante la misma ciudad: «Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados» (Mt 23,37).

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