COMENTARIO
«Los padres devorarán a los hijos y los hijos a los padres». El canibalismo, más que reflejar una realidad horrible, viene a ser una expresión literaria hiperbólica, que indica hasta qué extremo llegaron la penuria y el hambre (cfr Lv 26,29; Lm 2,20; 4,10). Inspirado seguramente en estos textos, Flavio Josefo, al narrar la destrucción de Jerusalén por el emperador Tito, recoge el diálogo estremecedor de una madre con su hijo antes de matarlo y tener con qué alimentarse: «Entre los romanos, aunque sobrevivas, serás un esclavo: el hambre es más grave que la esclavitud y estos invasores son más crueles que ambas cosas. De modo que para mí serás alimento, para los invasores ocasión de furia, y mensaje recurrente para la historia de los hombres» (De bello Iudaico 7,8).