COMENTARIO
«Fin, llega el fin…». Con esta sorpresiva frase comienza el oráculo para advertir que el momento definitivo para la tierra prometida es inminente. Amós fue el primero que utilizó la expresión «ha llegado el fin de mi pueblo» (Am 8,2), indicando el cese de una etapa histórica, pero, sobre todo, la gravedad del juicio divino. Ezequiel, al retomar e intensificar la fórmula (cfr v. 6), subraya, por una parte, que el juicio es inminente e ineludible; y, por otra, que es funesto, como queda reflejado en la expresión equivalente del v. 5: «Un gran mal, llega un gran mal». Ezequiel no se refiere al final escatológico frecuente en el Nuevo Testamento (cfr por ej. Mt 24,3; Ap 8,13…), pero contiene los mismos elementos al considerar que el juicio divino es inexorable.