COMENTARIO
Se señalan las funciones específicas de los miembros cualificados de aquella sociedad (cfr Jr 18,18). El profeta era el encargado de proferir los oráculos y de explicar las visiones; era el hombre de la palabra. El sacerdote era el que debía instruir al pueblo en lo referente a la Ley. Los ancianos, identificados con los sabios en el texto de Jeremías, eran los que aconsejaban en la vida pública y en los asuntos privados. El rey era el que gobernaba y acompañaba a sus súbditos, alegrándose con ellos en los momentos de triunfo, y haciendo duelo en los de desgracia. El príncipe, como heredero, imitaba al rey, su padre. Finalmente el pueblo llano (literalmente, «pueblo de la tierra») era el que «con sus manos» sacaba adelante las necesidades de todos.