COMENTARIO

 Ez 8,2-3 

En la descripción de la «figura con apariencia de fuego» hay repeticiones intencionadas de la visión primera junto al río Quebar (1,27). Las grandes visiones de Ezequiel giran en torno a la gloria de Dios, es decir, a la presencia gloriosa de Dios.

«El ídolo de los celos» hace referencia a una estatua idolátrica que, por el lugar que ocupaba, a la entrada misma del Templo, era una provocación para los buenos israelitas. No se sabe con seguridad qué representaba, pero es posible que fuera una imagen de la diosa cananea Aserá, que el rey Manasés había mandado colocar en el Templo de Jerusalén a mediados del siglo VII a.C. (cfr 2 R 21,7).

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