COMENTARIO
La intercesión era una de las funciones esenciales del profeta, como había hecho Moisés, el profeta por antonomasia (Ex 32,11-14; Nm 14,13-19). Así obraron también profetas importantes como Amós (Am 7,2-3) o Jeremías, que en sus «confesiones» clamó al Señor en favor propio (Jr 12,3; 17,14-18; 18,20-21), en favor de su pueblo (Jr 7,16) y hasta en favor de los enemigos (Jr 15,11). Pero ni Jeremías ni Ezequiel obtuvieron respuesta positiva a su oración, porque la decisión divina de castigo era ya irrevocable. Recuérdese la intercesión de Abrahán sobre Sodoma y la respuesta negativa del Señor (Gn 18,16-32).