COMENTARIO

 Ez 11,22-24 

La visión concluye situando a los protagonistas en los lugares correspondientes: «La gloria del Dios de Israel» que estaba en el interior del Santuario (cfr 8,4) abandona el Templo y Jerusalén, y se detiene en el monte que hay al oriente, es decir, en el monte de los Olivos, a la espera de poder entrar de nuevo en la ciudad cuando haya sido purificada por la devastación (cfr 43,2-4). Ezequiel, que había sido trasladado por el espíritu hasta Jerusalén (cfr 8,3), es devuelto por el mismo espíritu a su lugar entre los caldeos (v. 24). Allí pudo comunicar «las palabras que el Señor le había mostrado» (v. 25). Palabra y visión son los medios que Dios utilizó para transmitir su mensaje a los profetas. A ellos se refiere el comienzo de la Carta a los Hebreos cuando dice: «De muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas» (Hb 1,1).

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