COMENTARIO
La primera acción simbólica, la huida con equipaje de desterrado, contiene todos los elementos necesarios para provocar tristeza y añoranza porque la temida deportación es inevitable. «Destierro» se repite seis veces en cinco versículos; «ante sus ojos», cinco; y «casa rebelde», dos. Los preparativos se harán de día, pero la salida será vergonzante: de noche, con el rostro tapado, sin mirar la ciudad.
Lo simbolizado en Ezequiel se cumplirá en la persona de Sedecías (v. 10; cfr 2 R 25,2-7), que aquí no es mencionado por su nombre ni por su título de rey. Se le llama «príncipe de Jerusalén», porque la catástrofe se cierne sobre la ciudad santa y sobre sus habitantes.
«Extenderé mi red sobre él y quedará preso en ella» (v. 13). La imagen de la red indica que la deportación es ante todo esclavitud. Y el uso de la primera persona subraya una vez más que el Señor mismo es el causante del destierro. La insistencia en la iniciativa divina lleva consigo una enorme esperanza, puesto que si Dios es quien castiga con el destierro, Él también salvará a su pueblo cuando la cautividad termine.
La importancia del «resto» que sobreviva (v. 16) está en que darán testimonio de sus pecados y su castigo ante los pueblos paganos, para que también ellos reconozcan al Señor. Esta interpretación positiva del destierro es propia del libro de Ezequiel.