COMENTARIO

 Ez 13,1-23 

Había hombres y mujeres que se arrogaban el título de profetas y propalaban falsas expectativas asegurando la inmunidad del Templo y de la ciudad. Causaban un enorme daño a los buenos israelitas, porque, embaucándoles con sus palabras halagüeñas, les impedían comprender el verdadero alcance del castigo divino y les cerraban el camino de la conversión. Ezequiel, como había hecho Jeremías (cfr Jr 23,16-32; 29,20-28), desenmascara la falsedad de sus oráculos y condena sus prácticas de hechicería. Primero denuncia a los falsos profetas con severidad (vv. 1-16) y luego se enfrenta con las mujeres que con sus artes de magia embaucaban a los más humildes (vv. 17-23). Unos y otros, con sus engaños, esclavizan a sus oyentes; por el contrario la palabra de Dios, incluso la que pueda ser más exigente, genera y fomenta la libertad de los destinatarios (v. 23).

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