El pan y el agua limitados

17Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

18—Hijo de hombre, come el pan con temblor; bebe el agua con prisa y ansiedad. 19Di al pueblo llano: «Esto dice el Señor Dios a los que habitan en Jerusalén en las tierras de Israel: comerán el pan con ansiedad, beberán el agua con desolación, porque su tierra quedará devastada de cuanto la llena por la iniquidad de los que la habitan. 20Serán desoladas las ciudades que ahora están habitadas, será devastado el campo. Y sabrán que Yo soy el Señor».

Esperanzas engañosas

21Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

22—Hijo de hombre, ¿qué es ese proverbio que ustedes dicen en la tierra de Israel: «Se prolongan los días y la visión se desvanece»? 23Diles: «Esto dice el Señor Dios: “Voy a poner fin a ese proverbio, nadie volverá a repetirlo en Israel”». Les dirás: «Se acercan los días y el cumplimiento de la visión. 24Ya no habrá visiones falsas ni predicciones engañosas en la casa de Israel. 25Seré Yo, el Señor, quien hable y todo lo que diga se cumplirá sin tardanza. En sus días, casa rebelde, diré una palabra y la cumpliré, oráculo del Señor Dios».

26Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

27—Hijo de hombre, en la casa de Israel comentan: «Las visiones que éste tiene son para días futuros, profetiza para tiempos lejanos». 28Por eso, diles: «Esto dice el Señor Dios: “No habrá demora en mis palabras, las palabras que diga se cumplirán, dice el Señor”».

Los falsos profetas

13Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, profetiza ahora contra los profetas de Israel que andan profetizando, di a quienes hacen vaticinios por propia iniciativa: «Escuchen la palabra del Señor. 3Esto dice el Señor Dios: “¡Ay de los que profetizan sin saber, siguiendo su propio espíritu, sin haber visto nada! 4Como chacales entre ruinas son tus profetas, Israel. 5No han allanado las brechas, no han rodeado con muros la casa de Israel para que el día del Señor puedan resistir en la batalla. 6Tienen visiones falsas, predicen mentiras y dicen: ‘Oráculo del Señor’. El Señor no los ha enviado, pero ellos esperan que el Señor confirme sus palabras. 7¿No son falsas las visiones que tienen y falaces las predicciones que pronuncian cuando dicen: ‘Oráculo del Señor’, si Yo no he hablado?”».

8»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Como han dicho falsedades y han visto mentiras, estoy contra ustedes, oráculo del Señor Dios. 9Mi mano se alzará contra los profetas que ven falsedades y predicen mentiras. No tendrán parte en el consejo de mi pueblo, no serán inscritos en el libro de la casa de Israel ni entrarán en la tierra de Israel. Sabrán que Yo soy el Señor Dios. 10Porque han engañado a mi pueblo, diciéndole: “Paz”, y no había paz. Mi pueblo edifica un muro y ellos lo revocan de cal. 11Por eso, di a los que revocan con cal que se derrumbará: “Habrá un enorme aguacero, haré que caiga granizo, y que se levante un viento huracanado. 12Cuando el muro se derrumbe, les pedirán cuentas: ¿dónde está la cal con que lo revocaron?”» 13Por eso, esto dice el Señor Dios: «Con furor haré que el viento huracanado se levante, por mi ira habrá un enorme aguacero, y por mi enojo caerán piedras de granizo destructor. 14Derribaré el muro que revocaron de cal, lo echaré por tierra. Quedará al descubierto su cimiento, se vendrá abajo el muro, y ustedes perecerán entre sus ruinas, y sabrán que Yo soy el Señor.

15»Desahogaré mi cólera contra el muro y contra quienes lo han revocado de cal y entonces les diré: “Nada queda del muro ni de quienes lo revocaron, 16de los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y tenían visiones de paz para ella, cuando no había paz”, dice el Señor».

Las falsas videntes

17»Tú, por tu parte, hijo de hombre, ponte frente a las hijas de tu pueblo que hacen vaticinios por propia iniciativa, y profetiza contra ellas. 18Diles: «Esto dice el Señor Dios: “¡Ay de quienes cosen lazos para todas las articulaciones de las manos y hacen velos de todos los tamaños para la cabeza, pretendiendo atrapar a las almas! Atrapan a las almas de mi pueblo, y ¿piensan dar vida a las suyas? 19Por un puñado de cebada y un bocado de pan me han profanado ante mi pueblo, haciendo morir a las almas que no debían morir y dejando vivir a las almas que no debían vivir. Engañan a mi pueblo, que hace caso a las mentiras”».

20»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Estoy contra sus lazos, con los que atrapan a las almas como a las aves; los arrancaré de sus brazos y devolveré la libertad a las almas que atrapan como aves. 21Rasgaré sus velos, libertaré a mi pueblo de su mano y no volverá a estar cautivo en sus manos; no volverán a despojarlo y sabrán que Yo soy el Señor.

22»Porque con mentiras han entristecido el corazón del justo, que Yo no había entristecido, y han fortalecido las manos del malvado para que no se convierta de su mal camino y conserve su vida. 23Por eso, no volverán a tener visiones falsas ni a pronunciar adivinaciones. Libraré a mi pueblo de su mano y sabrán que Yo soy el Señor».

Denuncia de la idolatría

14Ez1Acudieron a mí algunos ancianos de Israel y se sentaron delante de mí. 2Entonces me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

3—Hijo de hombre: estos hombres han erigido ídolos en su corazón, han puesto ante su rostro la ocasión de su iniquidad. ¿Habré de responderles cuando me consulten? 4Por eso, háblales y diles: «Esto dice el Señor Dios: “Todo hombre de la casa de Israel que ha erigido ídolos en su corazón y ha puesto ante su rostro la ocasión de su iniquidad, y luego acude al profeta, Yo, el Señor, le responderé por Mí mismo, de acuerdo con la multitud de sus ídolos, 5a fin de recobrar por el corazón la casa de Israel, los que se han apartado de Mí por la multitud de sus ídolos”».

6»Por eso, di a la casa de Israel: «Conviértanse, abandonen sus ídolos, aparten el rostro de sus abominaciones. 7Porque si un hombre de la casa de Israel o de los forasteros que están en Israel se aleja de Mí, erige ídolos en su corazón, pone ante su rostro la ocasión de su iniquidad, y luego acude a un profeta para consultarme por medio de él, Yo, el Señor, le responderé por Mí mismo. 8Volveré mi rostro contra ese hombre, le haré escarmiento y burla, lo arrancaré de en medio de mi pueblo; y sabrán que Yo soy el Señor. 9Si un profeta se deja engañar y pronuncia una palabra, Yo, el Señor, soy el que ha engañado a ese profeta; extenderé mi mano contra él y lo arrancaré de mi pueblo, Israel. 10Los dos cargarán con su iniquidad: la iniquidad del profeta será como la iniquidad del que consultó, 11para que la casa de Israel no se desvíe más de Mí, ni se contamine con todos sus delitos: ellos serán mi pueblo y Yo seré su Dios, oráculo del Señor Dios».

Responsabilidad personal. Los justos se salvarán

12Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

13—Hijo de hombre: cuando el país peque contra Mí incurriendo en rebeldía, extenderé mi mano contra él, recortaré la ración de pan, agravaré el hambre sobre él y exterminaré hombres y animales. 14Aunque en medio del país estuvieran estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos, por su justicia, salvarían sólo sus vidas, oráculo del Señor Dios. 15Si envío al país bestias feroces para despojarlo de sus hijos y convertirlo en un desierto que nadie pueda atravesar por culpa de esas bestias, 16y esos tres hombres están en el país, por mi vida, oráculo del Señor Dios, que ni sus hijos ni sus hijas se librarán; solamente ellos, y el país quedará desolado. 17O si envío la espada contra aquel país y digo a la espada: «Recorre el país y extermina hombres y animales», 18y esos tres hombres están en el país, por mi vida, oráculo del Señor Dios, que no se librarán sus hijos ni sus hijas, solamente ellos. 19O si envío la peste contra aquel país y derramo mi cólera de forma cruenta sobre él, para exterminar hombres y animales, 20y Noé, Daniel y Job están en medio de él, por mi vida, oráculo del Señor Dios, no podrán librar a sus hijos ni a sus hijas; sólo ellos por su justicia salvarán sus vidas.

21»Porque esto dice el Señor Dios: «Aunque Yo envíe contra Jerusalén mis cuatro azotes terribles, espada y hambre, bestias feroces y peste, para exterminar de ella hombres y bestias, 22quedará a salvo en ella un resto del que saldrán hijos e hijas. Acudirán a ustedes, verán su camino y sus obras, y se consolarán del mal que envié contra Jerusalén, de todo lo que hice caer sobre ella. 23Se consolarán cuando vean su camino y sus obras y sepan que no hice en vano cuanto hice contra ella, oráculo del Señor Dios».

La cepa inútil

15Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre: ¿en qué es mejor la madera de la vid
que la de las plantas que hay entre los árboles del bosque?
3¿Se puede con su madera hacer algún objeto?
¿Se saca de ella una vara de donde colgar los aparejos?
4Más bien se la arroja al fuego para consumirla,
se queman los dos extremos, y la parte central también arde:
¿servirá luego para algún trabajo?
5Cuando estaba intacta no tenía utilidad;
ahora, chamuscada y quemada, ¿qué se podrá sacar de ella?
6Por tanto, esto dice el Señor Dios:
«Como a madera de vid, tomada entre los árboles del bosque
y arrojada al fuego para consumirse,
así he arrojado a los que habitan Jerusalén.
7He vuelto el rostro contra ellos.
Han escapado del fuego, pero el fuego los devorará.
Y sabrán que Yo soy el Señor cuando vuelva el rostro contra ellos.
8Haré de esta tierra una desolación, porque
han incurrido en rebeldía» —oráculo del Señor Dios—.

Jerusalén, la esposa infiel

16Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones 3Diles: «Esto dice el Señor Dios a Jerusalén: “Por tu origen y tu nacimiento procedes de la tierra de -Canaán, tu padre era amorreo y tu madre hitita. 4Cuando naciste, el día de tu nacimiento, no te cortaron el cordón, ni fuiste lavada con agua para limpiarte, ni frotada con sal ni envuelta en pañales. 5No hubo ojo que se apiadara y te hiciera alguna de esas cosas por compasión; sino que fuiste arrojada al campo, como objeto despreciable, el día de tu nacimiento.

6»Pasaba Yo por tu lado y te vi retorciéndote en tu propia sangre y, estando aún en tu sangre, te dije: ‘Vive’. Ciertamente te dije: ‘Vive en tu sangre’. 7Dejé que crecieras como brotes del campo. Creciste y te hiciste mayor hasta alcanzar la madurez femenina: se formaron tus pechos y te brotó la cabellera, pero permanecías desnuda y llena de confusión. 8Pasé junto a ti y te vi. Era tu tiempo, tu tiempo de amores. Extendí sobre ti mi manto para cubrir tu desnudez; me comprometí contigo e hice alianza contigo, oráculo del Señor Dios, y llegaste a ser mía. 9Te lavé con agua, te limpié la sangre y te ungí con óleo. 10Te vestí con bordados, te calcé con pieles selectas, te ceñí con lino fino y te puse un manto de seda. 11Te adorné con joyas: puse brazaletes en tus manos, collares en tu garganta, 12un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una hermosa diadema sobre tu cabeza. 13Quedaste adornada de oro y plata, vestida de lino fino, seda y bordados. Comías flor de harina, miel y aceite, y llegaste a ser muy bella, digna de la realeza. 14Se divulgó tu nombre entre las naciones a causa de tu belleza, que era perfecta gracias al esplendor del ornato que Yo había puesto sobre ti, oráculo del Señor Dios.

15»Pero tú, envanecida por tu hermosura y tu fama, te prostituiste, ofreciendo tus favores a todo el que pasaba, fuera quien fuese. 16Tomaste tus vestidos e hiciste lugares altos con muchos colores en los que te prostituías, como nunca antes se había hecho ni se volverá a hacer jamás. 17Con tus adornos de mi oro y plata, que Yo te había regalado, hiciste imágenes de hombres y te prostituiste con ellas. 18Tomaste tus vestidos bordados para adornar esas imágenes, mi aceite y mi incienso para ofrecerlos ante ellas. 19El pan que Yo te había dado, la flor de harina, el aceite y la miel con que te alimentaba, los ofreciste ante ellas como aroma agradable. Eso sucedió, oráculo del Señor Dios.

20»Tomaste a tus hijos e hijas, los que habías engendrado para Mí, y se los sacrificaste como alimento ¿Eran poca cosa tus prostituciones, 21que sacrificaste a mis hijos y se los ofreciste haciéndolos pasar por el fuego? 22En medio de tus abominaciones y prostituciones, ya no recordabas los días de tu juventud, cuando estabas desnuda y llena de confusión, retorciéndote en tu sangre.

23»Ahora, después de tanta maldad tuya, ¡ay!, ¡ay de ti!, oráculo del Señor Dios, 24todavía has construido un lupanar y te has preparado un lugar alto en todas las plazas. 25En todas las encrucijadas has erigido tu lugar alto, has hecho abominable tu hermosura, has ofrecido tu cuerpo a todo el que pasaba, multiplicando tus prostituciones. 26Has concedido tus favores a los egipcios, tus vecinos, de miembros robustos, multiplicando tus prostituciones para irritarme. 27Por eso, Yo he extendido mi mano contra ti, he reducido tu ración y te he abandonado en manos de las que te odian, de las hijas de los filisteos, que se avergonzaban de la infamia de tu proceder.

28»Pero como no estabas aún satisfecha, has concedido tus favores a los asirios. Te prostituiste, pero no te quedaste satisfecha 29y extendiste tus prostituciones hasta Caldea, el país de los mercaderes. Y tampoco eso te dejó satisfecha. 30¡Qué débil es tu corazón, oráculo del Señor Dios, cuando haces todas estas acciones, propias de ramera desvergonzada! 31Te has construido un santuario en todas las encrucijadas, te has preparado un lugar alto en todas las plazas. Y ni siquiera eras como una prostituta, puesto que desprecias la paga. 32Eres como mujer adúltera que, en lugar de recibir a su marido, recibe a los ajenos. 33A todas las rameras se les hacen regalos. Pero tú hacías regalos a tus amantes y les pagabas para que se acercaran a ti de donde fuera para tus prostituciones. 34En tus prostituciones has hecho lo contrario de lo que hacen esas mujeres. No han ido tras de ti para prostituirse, puesto que eras tú la que dabas la paga, y no quien la recibía. Eras lo contrario”».

35»Por eso, ramera, escucha la palabra del Señor. 36Esto dice el Señor Dios: «Has disipado tu dinero, ramera, y has descubierto tu desnudez en tus prostituciones a tus amantes y a todos tus ídolos abominables, entregándoles la sangre de tus hijos. 37Por eso, reuniré a todos los amantes con los que gozabas, a todos los que has amado, y también a todos los que has odiado. Los reuniré de todas partes contra ti, descubriré tu desnudez ante ellos para que todos la vean. 38Voy a dictar contra ti la sentencia de las adúlteras y de las que cometen delitos de sangre, voy a cubrirte de sangre, de furia y celos. 39Voy a entregarte en sus manos: destruirán tu lupanar, arrasarán tus lugares altos, te despojarán de tus vestidos, te arrancarán tus adornos y te dejarán desnuda y llena de confusión. 40Convocarán una multitud contra ti, te lapidarán con piedras y te harán pedazos con sus espadas. 41Prenderán fuego a tus casas y dictarán sentencia contra ti a la vista de muchas mujeres. Haré que dejes de prostituirte, no volverás a hacer regalos. 42Cuando se haya colmado mi cólera contra ti, se apartará de ti mi celo. Me apaciguaré y no volveré a enojarme contigo. 43Como no has recordado los días de tu juventud y me has ofendido con todas estas cosas, haré recaer tu conducta sobre tu cabeza, oráculo del Señor Dios. Y aún no he obrado según tus crímenes, en todas tus abominaciones.

Jerusalén y sus hermanas Samaría y Sodoma

44»Todos los que repiten proverbios dirán contra ti éste: “Igual que la madre, la hija”. 45Eres digna hija de tu madre, que aborreció a su marido y a sus hijos. Tú eres hermana de tus hermanas, que aborrecieron a sus maridos y a sus hijos. Su madre fue una hitita, su padre un amorreo. 46Tu hermana mayor es Samaría, la que habita con sus hijas a tu izquierda. Tu hermana menor Sodoma, que habita con sus hijas a tu derecha. 47Pero no te bastó seguir sus caminos y comportarte según sus abominaciones. Como si eso fuera poco, te has corrompido más que ellas en toda tu conducta. 48¡Por mi vida!, oráculo del Señor Dios: Sodoma y sus hijas no hicieron lo que han hecho tus hijas y tú. 49En esto consistía la iniquidad de tu hermana Sodoma: ella y sus hijas abundaban en soberbia, en pan y en ocio regalado, y no socorrían la mano del pobre y del necesitado. 50Se hicieron altivas, cometieron abominaciones delante de Mí y las hice desaparecer como has visto. 51No cometió Samaría ni la mitad de tus pecados. Las has superado con tus abominaciones y has hecho que a tu lado sean justas tus hermanas, con todas las abominaciones que has cometido.

52»Así pues, carga con la ignominia, tú que has hecho inocentes a tus hermanas con tus pecados, al cometer más abominaciones que ellas. Han aparecido justas a tu lado. Por eso, llénate de vergüenza, carga con la ignominia de haber hecho justas a tus hermanas. 53Voy a cambiar su suerte, la suerte de Sodoma y de sus hijas, la suerte de Samaría y de sus hijas; y cambiaré tu suerte en medio de ellas, 54para que cargues con tu ignominia y quedes avergonzada por todo lo que hiciste; será un consuelo para ellas. 55Tu hermana Sodoma y sus hijas volverán a su primera condición, Samaría y sus hijas volverán a su primera condición, y tú y tus hijas volverán también a su primera condición. 56Tu hermana Sodoma estaba siempre en tu boca en tiempos de tu soberbia, 57antes de hacerse pública tu maldad. Así ahora eres tú la infamia de las hijas de Edom y de todas las hijas de los filisteos, que están en torno a ti, que te menosprecian por doquier. 58Habrás de cargar con tu crimen y tus abominaciones, oráculo del Señor».

El perdón y la Alianza

59»Porque esto dice el Señor Dios: «Haré contigo como has hecho tú, que has menospreciado el juramento, has violado la alianza.

60»Pero Yo todavía recordaré la alianza que hice contigo en los días de tu juventud y estableceré contigo una alianza eterna. 61Entonces recordarás tus caminos y quedarás avergonzada, cuando recibas a tus hermanas mayores y menores; te las daré como hijas, aunque no por la alianza contigo. 62Yo estableceré mi alianza contigo y sabrás que Yo soy el Señor, 63con el fin de que te acuerdes y te avergüences, y no vuelvas a abrir la boca, a causa de tu ignominia, cuando te haya perdonado todas las cosas que hiciste, oráculo del Señor Dios».

Alegoría de las dos águilas

17Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo: 2—Hijo de hombre: formula un enigma, cuenta una parábola a la casa de Israel 3y diles: «Esto dice el Señor Dios:

“Una gran águila,
de alas enormes y gran envergadura,
cubierta de plumas de colores,
llegó hasta el Líbano
y se llevó la copa de un cedro.
4Arrancó un renuevo de sus ramas,
lo transportó al país de Canaán
y lo plantó en una ciudad de mercaderes.
5Tomó una semilla de la tierra
y la plantó en campos de sementera,
junto a aguas abundantes.
Lo plantó como se plantan los sauces,
6para que pudiera germinar y crecer
como una viña espaciosa, aunque de poca altura,
con ramas que se dirigían hacia el águila
y con raíces que quedaban debajo de ella.
Llegó a ser una viña,
que echó pámpanos
y multiplicó sus sarmientos.
7Pero llegó otra gran águila,
de grandes alas
y abundante plumaje.
Hacia ella dirigió sus raíces la viña,
extendió hacia ella sus sarmientos,
esperando ser regada con mayor abundancia
que en los surcos en los que estaba plantada.
8Había sido plantada
en tierra buena,
junto a aguas abundantes,
para que se hiciera frondosa
y diera fruto,
y llegara a ser una gran viña”».
9Di: «Esto dice el Señor Dios:
“¿Podrá prosperar?
¿No serán arrancadas sus raíces
y cortado su fruto,
hasta que se marchiten todos sus brotes y se seque?
No será necesario un brazo fuerte ni un pueblo numeroso
para arrancarla de raíz.
10Había sido plantada, ¿podrá prosperar?
Cuando la alcance el viento ardiente,
¿no se agostará,
y se secará en los mismos surcos donde había brotado?”».

Cumplimiento de la alegoría

11Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

12—Di a esta casa rebelde: «¿No saben qué significa esto?». Diles entonces: «Ha venido el rey de Babilonia a Jerusalén, ha tomado al rey y a los príncipes y los ha llevado consigo a Babilonia. 13Y ha tomado a uno de linaje real, ha hecho con él un pacto, obligándole con juramento, y ha tomado a los nobles del país 14para conseguir que sea un reino débil y no se haga altivo, sino que observe su pacto y lo guarde. 15Pero él, se rebeló y envió mensajeros a Egipto para que le proveyera de caballos y de tropas numerosas. El que ha hecho eso, ¿podrá prosperar y conseguir su salvación? ¿Podrá huir el que ha roto el pacto? 16Por mi vida, oráculo del Señor Dios: En el país del rey que le concedió el trono, de aquél contra cuyo juramento se rebeló, de aquél cuyo pacto rompió, en Babilonia, morirá. 17El faraón con su gran ejército y sus tropas numerosas no le ayudará en el combate, cuando se eleve un terraplén y se construya una torre de asalto para dar muerte a muchos. 18Había despreciado un juramento, había roto un pacto. Había tendido su mano, y luego hizo todo eso. No podrá escapar».

19»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Por mi vida: haré caer sobre su cabeza mi juramento, que despreció, y mi alianza, que ha quebrantado. 20Extenderé sobre él mi red y caerá en mi trampa. Lo llevaré a Babilonia y lo juzgaré allí por la rebeldía en que ha incurrido contra Mí. 21Todos los mejores en su ejército caerán a espada. Los que queden serán dispersados a los cuatros vientos y sabrán que Yo, el Señor, he hablado».

El cedro escatológico

22»Esto dice el Señor Dios:
«También Yo voy a llevarme la copa de un cedro elevado y la plantaré;
arrancaré un renuevo del extremo de sus ramas
y lo plantaré en un monte alto y eminente.
23Lo plantaré en el monte alto de Israel.
Y echará ramas, dará fruto
y llegará a ser un cedro magnífico.
En él anidarán todas las aves,
a la sombra de sus ramas pondrán sus nidos toda suerte de pájaros.
24Y todos los árboles del campo sabrán
que Yo, el Señor, he humillado al árbol elevado
y he enaltecido al humilde;
he secado el leño verde
y hecho florecer al seco.
Yo, el Señor, lo digo y lo hago».

La responsabilidad personal

18Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—¿Qué les pasa? ¿Por qué dicen de continuo en el país de Israel este proverbio: «Los padres comieron agraces y los hijos padecen la dentera?».

3»Por mi vida, oráculo del Señor Dios: «No volverán a decir ese proverbio en Israel. 4Todas las personas son mías: tan mía es la persona del padre como la del hijo: el que peque morirá. 5El hombre que es justo, que cumple el derecho y la justicia, 6que no come en los montes ni eleva sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, que no deshonra a la mujer de su prójimo ni se llega a la mujer durante la menstruación, 7que no oprime a nadie, que devuelve la prenda al deudor, que no comete rapiña, que da pan al hambriento y cubre de ropa al desnudo, 8que no presta a usura ni acumula interés, que aparta su mano de la iniquidad y es imparcial al juzgar entre un hombre y otro, 9que camina según mis preceptos y observa mis normas, obrando con verdad, ése es justo y vivirá, oráculo del Señor Dios.

10»Pero si éste engendra un hijo violento y sanguinario, que hace alguna de esas cosas 11que él no ha hecho, si come en los montes y deshonra a la mujer de su prójimo, 12si oprime al necesitado y al pobre, comete rapiña, no devuelve la prenda y eleva sus ojos a los ídolos, comete abominaciones, 13presta a usura y acumula interés, ¿podrá vivir? No vivirá. Si comete todas esas abominaciones deberá morir. Su sangre recaerá sobre él.

14»Pero si éste engendra un hijo que, viendo todos los pecados que cometió su padre, siente temor y no hace nada parecido, 15no come en los montes, no eleva sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni deshonra a la mujer de su prójimo, 16ni oprime a otro, si no retiene la prenda ni comete rapiña, si da pan al hambriento y cubre de ropa al desnudo, 17si aparta su mano de la iniquidad, si no presta a usura ni acumula interés, si cumple mis normas y camina según mis preceptos, éste no morirá por la iniquidad de su padre, sino que, ciertamente, vivirá. 18Su padre, en cambio, que oprimió a otros, cometió rapiña con su prójimo y no obró el bien en medio de su pueblo, morirá por su iniquidad. 19Ustedes dicen: “¿Por qué no carga el hijo con la culpa de su padre?”. El hijo que obra justicia y derecho, guarda todos mis preceptos y los cumple, ciertamente vivirá. 20El que peque, y no otro, morirá. No cargará el hijo con la iniquidad de su padre, ni el padre con la iniquidad del hijo. Sobre el justo recaerá su justicia y sobre el impío su impiedad.

Valor de la conversión

21»Pero si el impío se convierte de todos los pecados que cometió, guarda todos mis preceptos y obra justicia y derecho, ciertamente vivirá, no morirá. 22No le será recordado ninguno de los delitos que cometió. Vivirá por la justicia que ha practicado. 23¿Acaso me agrada la muerte del impío, oráculo del Señor Dios, y no que se convierta de sus caminos y viva?

24»Pero si el justo se aparta de su justicia y comete la iniquidad según las abominaciones que suele cometer el impío, ¿podrá vivir? Las obras justas que practicó no le serán recordadas. Por las rebeldías en que haya incurrido y por el pecado que haya cometido, morirá. 25Y dicen: “No son rectos los caminos del Señor”. Escucha, casa de Israel: ¿no son rectos mis caminos, o más bien, sus caminos son malos? 26Si el justo se aparta de su justicia y comete la iniquidad, morirá. Por la injusticia que haya cometido, morirá. 27Y si el impío se aparta de la impiedad que había obrado y hace justicia y derecho, él mismo se dará la vida. 28Si se arrepiente y se aparta de todos los delitos que había cometido, ciertamente, vivirá, no morirá. 29Y dice la casa de Israel: “No es recto el proceder del Señor”. Escucha, casa de Israel: ¿mis caminos no son rectos, casa de Israel, o, más bien, sus caminos son malos?

30»Por tanto, casa de Israel, Yo juzgaré a cada uno según su conducta, oráculo del Señor. Conviértanse, apártense de todas sus iniquidades para que no sean para ustedes ocasión de culpa. 31Arrojen de ustedes todos las delitos que han cometido y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué quieren morir, casa de Israel? 32Yo no quiero la muerte del que muere, oráculo del Señor Dios. Conviértanse y vivan».

Alegoría de la leona

19Ez»1Ahora, tú entona una elegía por los príncipes de Israel, 2diciendo:

«¡Qué madre la tuya! ¡Leona
entre leones!
Se recostaba entre los leoncillos,
alimentaba a sus cachorros.
3Crió a uno de ellos,
que llegó a hacerse un león joven,
aprendió a desgarrar presas,
y a devorar hombres.
4Se reunieron contra él las naciones,
fue capturado en su trampa
y lo llevaron con cadenas al país de Egipto.
5Cuando la leona vio que confiaba en vano,
que su esperanza estaba perdida,
tomó a otro de sus cachorros,
que llegó a ser un león joven.
6Andaba entre los leones
hasta hacerse un león joven,
aprendió a desgarrar presas
y a devorar hombres,
7destruyó sus palacios,
devastó sus ciudades,
y temblaban la tierra y sus habitantes
al clamor de su rugido.
8Se aliaron contra él naciones por doquier,
tendieron sobre él su red
y fue capturado en su fosa.
9Lo pusieron en una jaula con cadenas
y lo llevaron al rey de Babilonia
que lo metió en la prisión,
para que no volviera a oírse su voz
en los montes de Israel.

La vid arrancada y trasplantada

10»Tu madre era como una viña
plantada junto al agua.
Era fértil y frondosa
por la abundancia de agua,
11Se hicieron sus ramas corpulentas,
aptas para cetros de gobernantes,
su altura se elevó hasta las nubes
y destacaba por su altura
y por la cantidad de sus sarmientos.
12Pero fue arrancada con ira,
arrojada por tierra,
y un viento ardiente agostó sus frutos.
Su rama fuerte fue arrancada y se secó,
la consumió el fuego.
13Ahora ha sido plantada en el desierto,
en una tierra desolada y sedienta.
14De sus ramas ha brotado fuego
y ha consumido sus sarmientos y su fruto.
No volverá a haber en ella una rama robusta,
apta para cetro de gobernantes».
Es una elegía y como elegía ha de servir.

Historia de Israel infiel

20Ez1El día décimo del quinto mes del año séptimo acudieron a mí algunos ancianos de Israel para consultar al Señor, y se sentaron delante de mí. 2Y me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

3—Hijo de hombre, habla a los ancianos de Israel y diles: «Esto dice el Señor Dios. “¿Han venido a consultarme? Por mi vida, no me dejaré consultar por ustedes, oráculo del Señor Dios”. 4¿Vas a juzgarlos? ¿Vas a ser su juez, hijo de hombre? Muéstrales las abominaciones de sus padres».

5»Diles: «Esto dice el Señor Dios: “El día que elegí a Israel, juré con mano alzada en favor de la casa de Jacob, me revelé a ellos en el país de Egipto y alcé mi mano en su favor, diciendo: ‘Yo soy el Señor, su Dios’. 6Aquel día juré con mano alzada en su favor que los sacaría del país de Egipto y los llevaría a una tierra que Yo había dispuesto para ellos, que mana leche y miel, la más hermosa de todas las tierras. 7Y les dije: ‘Deseche cada uno las abominaciones de sus ojos y no se contaminen con los dioses de Egipto: Yo soy el Señor, su Dios’. 8Pero ellos se rebelaron contra Mí y no quisieron escucharme. Ninguno desechó las abominaciones de sus ojos ni abandonaron los ídolos de Egipto. Entonces pensé derramar mi cólera sobre ellos, desahogar contra ellos mi ira en medio del país de Egipto. 9Pero obré de otro modo en atención a mi Nombre, para que no fuera profanado a la vista de las naciones, en medio de las cuales estaban y entre las que Yo me había revelado a ellos para sacarlos del país de Egipto. 10Así pues, los saqué del país de Egipto y los llevé al desierto.

11»Les entregué mis preceptos y les di a conocer mis normas. El que los cumpla vivirá por ellos.

12»Además, les confié mis sábados, que habían de ser señal entre ellos y Yo, para que supieran que Yo soy el Señor que los santifica. 13Pero la casa de Israel se rebeló contra Mí en el desierto. No siguieron mis preceptos y despreciaron mis normas, las que dan vida al hombre que las cumple, y quebrantaron repetidamente mis sábados. Entonces decidí derramar mi cólera sobre ellos y consumirlos en el desierto. 14Pero obré de otro modo en atención a mi Nombre, para que no fuera profanado a la vista de las naciones, de las que los saqué a la vista de todos. 15Sin embargo, volví a jurar con mano alzada sobre ellos en el desierto que no los dejaría entrar en la tierra que les había dado, que mana leche y miel, la más espléndida de todas las tierras, 16porque habían despreciado mis normas, no habían seguido mis preceptos y habían quebrantado mis sábados, pues su corazón se iba tras sus ídolos. 17Pero mi ojo se apiadó de ellos para no exterminarlos y no los eliminé en el desierto.

18»Entonces dije a sus hijos en el desierto: ‘No sigan los preceptos de sus padres, no guarden sus normas ni se contaminen con sus ídolos. 19Yo soy el Señor, su Dios. Sigan mis preceptos, guarden mis normas y cúmplanlas, 20santifiquen mis sábados, para que sean señal entre ustedes y Yo, y se sepa que Yo soy el Señor, su Dios’. 21Pero también los hijos se rebelaron contra Mí. No siguieron mis preceptos, ni guardaron mis normas que dan vida al hombre que las cumple, y quebrantaron mis sábados. Entonces decidí derramar mi cólera sobre ellos y desahogar mi ira contra ellos en el desierto. 22Pero aparté mi mano y obré de otro modo en atención a mi Nombre, para que no fuera profanado a la vista de las naciones, de las que los saqué a la vista de todos. 23De nuevo volví a jurar con mano alzada sobre ellos en el desierto que los dispersaría entre las naciones, que los esparciría entre los pueblos, 24porque no habían cumplido mis normas, habían rechazado mis preceptos, habían quebrantado mis sábados y habían puesto sus ojos en los ídolos de sus padres. 25Por eso, también Yo les di preceptos que no eran buenos y normas que no dan vida. 26Hice que se contaminaran con sus ofrendas, cuando hacían pasar por el fuego a todo primogénito con el fin de infundirles terror y que supieran que Yo soy el Señor”».

27»Por todo esto, hijo de hombre, habla a la casa de Israel y diles: «Esto dice el Señor Dios: “Sus padres también en esto me ultrajaron, incurriendo en rebeldía contra Mí. 28Después de introducirlos en la tierra que con mano alzada había jurado darles, cuando vieron los collados y los árboles frondosos, inmolaron en ellos sus sacrificios, ofrecieron allí sus oblaciones rebeldes, depositaron su suave aroma y derramaron sus libaciones. 29Les dije: ‘¿Qué es ese lugar alto donde se dirigen?’. Y ha sido llamado hasta este día con el nombre de ‘Lugar alto’”».

30»Por eso, di a la casa de Israel: «Esto dice el Señor Dios: “Siguiendo a sus padres, se han contaminado y se han prostituido según sus impurezas. 31Cuando ofrecen sus dones, cuando hacen pasar a sus hijos por el fuego, se contaminan hasta el día de hoy con todos sus ídolos. ¿Me voy a dejar consultar por ustedes, casa de Israel? Por mi vida, oráculo del Señor Dios, no me voy a dejar consultar por ustedes. 32No se hará lo que imagina su pensamiento cuando dicen ‘Seremos como las naciones, como las familias de los países que dan culto al árbol y a la piedra’”».

La restauración definitiva

33»Por mi vida, oráculo del Señor Dios: “Con mano fuerte y brazo extendido, derramando mi cólera, reinaré sobre ustedes. 34Con mano fuerte y brazo extendido, derramando mi cólera, los sacaré de entre las naciones y los reuniré de los pueblos donde están dispersos. 35Los llevaré al desierto de las naciones y me querellaré allí contra ustedes cara a cara. 36Como me querellé contra sus padres en el desierto del país de Egipto, así me querellaré contra ustedes, oráculo del Señor Dios. 37Los haré pasar bajo mi cayado y los conduciré bajo el yugo de la alianza. 38Separaré de entre ustedes a los que son rebeldes y me son infieles y los expulsaré del país que habitan. No entrarán en la tierra de Israel y sabrán que Yo soy el Señor”. 39Y a ustedes, casa de Israel, esto dice el Señor Dios: “Siga cada uno a sus ídolos y sírvalos. Pero después no dejarán de escucharme. No volverán a profanar la santidad de mi Nombre con sus ofrendas y sus ídolos. 40En mi monte santo, en el monte excelso de Israel, me servirá toda la casa de Israel, oráculo del Señor Dios, toda reunida en esta tierra. Allí les aceptaré y exigiré sus ofrendas y las primicias de sus dones, todo lo que me consagren. 41Les aceptaré como suave aroma, cuando los saque de las naciones y los reúna de los países en que están dispersos, y mostraré en ustedes mi santidad a la vista de las naciones. 42Y sabrán que Yo soy el Señor, cuando los introduzca en el territorio de Israel, en la tierra que con mano alzada juré dar a sus padres. 43Allí recordarán sus caminos y todas las obras con las que se habían contaminado y resultarán desagradables a ustedes mismos por todas las maldades que cometieron. 44Y sabrán que Yo soy el Señor cuando actúe con ustedes en atención a mi Nombre y no según sus malos caminos y el horror de sus obras perversas, casa de Israel, oráculo del Señor Dios”».

El fuego y la espada

21Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, dirige tu rostro hacia el sur, profetiza hacia el mediodía, profetiza contra el bosque de la región del Négueb. 3Di al bosque del Négueb: «Escucha la palabra del Señor. Esto dice el Señor Dios: “Voy a encender en ti un fuego y devorará en ti todo árbol verde y todo árbol seco. No se apagará la llama encendida y hará arder toda la superficie desde el sur hasta el norte. 4Todo viviente verá que Yo, el Señor, la he encendido y no se apagará”».

5Y dije:

—¡Ay, Señor Dios! Éstos van diciendo de mí: «No sabe hablar sino en parábolas».

6Y me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

7—Hijo de hombre, dirige tu rostro hacia Jerusalén, profetiza contra los santuarios, profetiza contra la tierra de Israel. 8Di a la tierra de Israel: «Esto dice el Señor Dios: “Yo estoy contra ti. Sacaré mi espada de su vaina y daré muerte en ti al justo y al impío. 9Para dar muerte en ti al justo y al impío, saldrá mi espada de su vaina contra toda carne, desde el sur hasta el norte, 10para que toda carne sepa que Yo, el Señor, he sacado mi espada de su vaina y no volverá a ella”». 11Tú, hijo de hombre, gime con corazón quebrantado, gime con amargura ante sus ojos. 12Cuando te pregunten: «¿Por qué gimes?», les dirás: «Por lo que he escuchado: que cuando llegue desfallecerá todo corazón, se debilitarán todas las manos, se conmoverá todo espíritu y todas las rodillas se ablandarán como el agua. Ya llega y se cumplirá, oráculo del Señor Dios».

Himno a la espada

13Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
14—Hijo de hombre, profetiza y di: «Esto dice el Señor Dios: “Habla:
Espada, espada afilada y bruñida.
15Ha sido afilada para decapitar,
ha sido bruñida para brillar.
16Ha sido bruñida para ser empuñada.
Ha sido afilada y bruñida para ponerla en manos del verdugo.
17Clama y lamenta, hijo de hombre,
porque ha sido dirigida contra mi pueblo,
contra todos los príncipes de Israel,
entregados a la espada junto con mi pueblo.
Por eso, hiere tus caderas.
18Porque es una prueba
y ¿qué pasará si no ha resistido ni siquiera el cetro?,
oráculo del Señor Dios.
19Tú, hijo de hombre,
profetiza y bate palma contra palma.
Que la espada se duplique y se triplique.
Es la espada de los verdugos.
Es la espada de la gran matanza
que los tiene rodeados,
20para que desfallezca el corazón
y sean numerosas las víctimas.
En todas las puertas he colocado la espada,
espada afilada para brillar, bruñida para decapitar.
21Corta ya, vete a derecha e izquierda,
donde tus filos alcancen.
22También Yo batiré palma contra palma
y saciaré mi furor,
Yo, el Señor, he hablado”».

Asalto a Jerusalén

23Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

24—Tú, hijo de hombre, traza dos caminos por donde pase la espada del rey de Babilonia. Del mismo país partirán los dos. Pon una señal, ponla en la cabecera del camino de la ciudad. 25Traza un camino por donde llegue la espada a Rabá de los amonitas, y a Judá, a Jerusalén, la ciudad amurallada. 26El rey de Babilonia se ha detenido en la cabecera de la que parten los dos caminos, para consultar el augurio: remueve las flechas, consulta a los ídolos domésticos, inspecciona el hígado. 27En su mano derecha tiene la respuesta: Jerusalén. Ha de poner torres, dar la orden de matar, elevar la voz en alaridos, poner arietes contra las puertas, hacer un terraplén, levantar un muro de asalto. 28A sus ojos parecía un oráculo vano porque les habían hecho un juramento, pero él recordará la iniquidad por la que serán capturados. 29Por eso, esto dice el Señor Dios: «Porque han hecho recordar su iniquidad, manifestando sus delitos y descubriendo sus pecados en todas sus obras; por haberlas traído a la memoria, serán capturados en su mano. 30Y tú, malvado impío, príncipe de Israel: llega el día en que se cumple el término de tu iniquidad». 31Esto dice el Señor Dios: «Retírate la tiara, quítate la corona: las cosas no serán como antes. Lo bajo será elevado, lo alto será rebajado. 32Ruina, ruina, todo lo reduciré a ruina. Esto no sucederá hasta que llegue aquél de quien es el juicio y Yo se lo entregue».

Asalto a Amón

33»Y tu, hijo de hombre, profetiza y di: «Esto dice el Señor Dios contra los hijos de Amón y contra su infamia. Y di: “La espada, la espada ha sido desenvainada para dar muerte, bruñida para destruir, para brillar, 34y, mientras haces falsas profecías que te favorecen y vaticinan adivinaciones mentirosas, ella será puesta al cuello de los malvados impíos, a los que les llega el día final en que se cumple el término de su iniquidad.

35»Vuelva a su vaina. En el lugar en que fuiste creada, en el país de tu nacimiento, te juzgaré. 36Derramaré sobre ti mi ira, arrojaré contra ti mi aliento en el ardor de mi cólera y te pondré en manos de hombres ignorantes, artífices de muerte. 37Servirás de alimento al fuego, tu sangre correrá a lo largo del país. No se te recordará más, porque Yo el Señor he hablado”».

Los pecados de Jerusalén

22Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Tú, hijo de hombre, ¿vas a juzgar, vas a ser juez de la ciudad sanguinaria? 3Muéstrales todas sus abominaciones y diles: «Esto dice el Señor Dios: “Ciudad que en su interior derrama sangre para que llegue su hora, que hace ídolos contra sí misma para contaminarse. 4Por la sangre que has derramado te has hecho culpable, te has contaminado con los ídolos que te has fabricado. Has hecho que llegue tu hora, que se complete el plazo de tus años. Por eso, te he hecho oprobio para las naciones y escarnio para todos los pueblos. 5Los próximos y los lejanos se mofarán de ti, ciudad infame, llena de desórdenes. 6Los príncipes de Israel, cada uno según su poder, se han dedicado a derramar sangre dentro de ti. 7En ti se desprecian padre y madre, el forastero es oprimido en medio de ti, en ti se oprime al huérfano y a la viuda. 8Has despreciado mis santuarios y has profanado mis sábados. 9Hay en ti hombres que calumnian para derramar sangre; en ti se come en los montes, se cometen infamias en medio de ti. 10En ti se descubre la vergüenza del propio padre, y se hace violencia a la mujer menstruante. 11Hay en ti quien deshonra a la mujer de su prójimo, otro mancilla indignamente a su nuera, otro ha forzado a su hermana, hija de su padre. 12En ti se reciben sobornos para derramar sangre. Tú exiges usura y recibes intereses altos, explotas con violencia a tu prójimo y te olvidas de Mí, oráculo del Señor Dios. 13Pero Yo batiré palmas contra la riqueza injusta que has acumulado y por la sangre que ha sido derramada en medio de ti. 14¿Resistirá tu corazón o permanecerán firmes tus manos en los días en que Yo actúe contra ti? Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré. 15Te dispersaré entre las naciones, te esparciré entre los pueblos y haré desaparecer de ti la impureza. 16Quedarás profanada a los ojos de las naciones y sabrás que Yo soy el Señor”».

17Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

18—Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria: todos ellos son cobre, estaño, hierro y plomo en el horno. Han quedado reducidos a escoria de plata. 19Por eso, esto dice el Señor Dios: «Porque se han convertido en escoria, los reuniré en medio de Jerusalén. 20Como se junta plata, bronce, plomo, hierro y estaño en medio del horno, y se atiza el fuego para fundirlos, así los reuniré en mi cólera y mi ira: los juntaré y los fundiré, 21os reuniré y atizaré contra ustedes el fuego de mi cólera y serán fundidos en medio de la ciudad. 22Como se funde la plata en medio del horno, así serán fundidos en medio de la ciudad. Y sabrán que Yo, el Señor, he derramado sobre ustedes mi furor».

23Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

24—Hijo de hombre, di: «Tú eres una tierra no purificada ni regada por la lluvia el día de la cólera. 25Sus príncipes están en medio de ella como un león rugiente que desgarra su presa: han devorado a personas, han tomado riquezas y bienes, han multiplicado las viudas en medio de ellos. 26Sus sacerdotes han violado mi Ley y han profanado mi santuario. No han hecho distinción entre lo santo y lo profano, no han enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro, han apartado sus ojos de mis sábados y Yo he sido deshonrado en medio de ellos. 27Sus jefes eran en medio de ella como lobos que desgarran la presa, derraman sangre y hacen perecer a las personas, para alcanzar con avaricia las ganancias. 28Sus profetas embadurnaban estos delitos con barro, anunciando visiones falsas y adivinaciones mentirosas, diciendo: “Esto dice el Señor Dios”, cuando el Señor no había hablado. 29El pueblo llano comete violencias y se da al pillaje, aflige al necesitado y al pobre y oprime al extranjero injustamente. 30He buscado entre ellos uno que hubiera alzado un muro y se mantuviera en la brecha ante Mí en favor del país, para no destruirlo, pero no lo he encontrado. 31He derramado sobre ellos mi furia, los he consumido en el fuego de mi ira, he hecho recaer sobre sus cabezas su conducta, oráculo del Señor Dios».

Alegoría de las dos hermanas

23Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, había dos mujeres, hijas de la misma madre; 3se prostituyeron en Egipto, se prostituyeron en su juventud. Allí fueron palpados sus pechos, tocados sus senos virginales. 4Sus nombres eran Oholá, la mayor, y Oholibá, su hermana. Fueron mías y dieron a luz hijos e hijas. Sus nombres simbolizan: Oholá a Samaría y Oholibá a Jerusalén.

5Oholá se prostituyó alejándose de mí. Enloqueció por sus amantes, los asirios, sus vecinos, 6vestidos de púrpura, gobernadores y príncipes, todos jóvenes atractivos, jinetes montados a caballo. 7Les concedió sus favores a todos ellos, la flor de los hijos de Asiria, y se mancilló con los ídolos de aquellos por los que se había vuelto loca. 8Además, no abandonó las prostituciones que había tenido en Egipto. Pues allí habían yacido con ella en su juventud, habían tocado sus senos virginales y habían desahogado su lujuria en ella. 9Por eso, la entregué en manos de sus amantes, en manos de los asirios, por los que había enloquecido. 10Ellos descubrieron su desnudez, le sustrajeron sus hijos y sus hijas y le dieron muerte a espada. Así llegó a ser escarmiento entre las mujeres porque se hizo justicia con ella.

11Cuando vio esto su hermana Oholibá, enloqueció de lujuria más que ella, y superó a su hermana en su prostitución. 12Se encendió de amor por los hijos de los asirios, gobernadores y príncipes vecinos, vestidos con espléndidos trajes, jinetes montados a caballo, todos jóvenes atractivos. 13Y vi que también se había mancillado, que ambas seguían un mismo camino, 14pero ésta aumentó sus prostituciones cuando vio hombres representados en la pared, figuras de caldeos representadas en color rojo, 15con la cintura ceñida de fajas, amplios turbantes sobre sus cabezas, todos con aspecto de jefes, a semejanza de los babilonios, nacidos en el país de los caldeos. 16Apenas los tuvo ante sus ojos enloqueció por ellos y les envió mensajeros a Caldea. 17Cuando los hijos de Babilonia llegaron hasta ella, hasta su lecho de amor, la mancillaron con sus prostituciones. Y cuando ya la habían mancillado, se despegó de ellos. 18Había exhibido sus fornicaciones y había descubierto sus vergüenzas; por eso mi alma se apartó de ella, como se había apartado de su hermana. 19Pero multiplicó sus fornicaciones, recordando los días de su juventud, cuando se prostituía en la tierra de Egipto. 20Y enloqueció de lujuria por sus amantes, lascivos como asnos, libidinosos como caballos. 21Y deseaste la infamia de tu juventud, cuando en Egipto fueron palpados tus pechos, tocados tus senos juveniles.

22»Por eso, Oholibá, esto dice el Señor Dios: «Voy a hostigar a tus amantes contra ti, a aquellos de los que te despegaste, y los reuniré contra ti de todas partes: 23a los hijos de Babilonia y a todos los caldeos, a los de Pecod, Soa, Coa y a todos los hijos de los asirios, jóvenes atractivos, a todos los gobernadores y príncipes, a los jefes y nobles, todos ellos destacados jinetes. 24Vendrán contra ti equipados de carros y carretas, y con multitud de pueblos. Por doquier se armarán contra ti con rodela, escudo y coraza. Les encomendaré que te juzguen y te juzgarán según sus normas. 25Descargaré mi celo contra ti, te tratarán con furor: te arrancarán la nariz y las orejas, y caerá a espada lo que quede de ti. Se apoderarán de tus hijos y tus hijas y será devorado por el fuego lo último de ti. 26Te despojarán de tus vestidos y te arrebatarán tus adornos. 27Así pondré fin a tu infamia y haré que terminen tus prostituciones cometidas en la tierra de Egipto. No volverás a levantar tus ojos hacia ellos ni te acordarás ya de Egipto».

28»Porque esto dice el Señor Dios: «Voy a entregarte en manos de los que has odiado, en manos de aquellos de los que te has alejado, 29y procederán contra ti con odio, te arrebatarán el fruto de tus esfuerzos y te dejarán desnuda y llena de vergüenza. Quedará descubierta la vergüenza de tu prostitución, tu infamia y tus fornicaciones. 30Te harán todo esto porque te has prostituido con las naciones, porque te has contaminado con sus ídolos. 31Has seguido el camino de tu hermana, y Yo pondré su cáliz en tu mano». 32Esto dice el Señor Dios:

«Beberás el cáliz de tu hermana,
profundo y ancho;
serás motivo de escarnio y desprecio:
es cáliz de gran cabida.
33De embriaguez y de aflicción rebosarás;
es cáliz de miedo y de horror,
el cáliz de tu hermana Samaría.
34Tú también beberás y apurarás hasta las heces.
Roerás sus trozos rotos
y herirás tus pechos,
porque Yo he hablado,
oráculo del Señor Dios».

35»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Porque te has olvidado de Mí y me has echado a tus espaldas, carga tú también con tu infamia y tu prostitución».

Sentencia contra las dos hermanas

36Y me dijo el Señor:

—Hijo de hombre, ¿vas a juzgar a Oholá y Oholibá? Dales a conocer sus abominaciones. 37Porque son adúlteras, hay sangre en sus manos y han cometido adulterio con sus ídolos. Además, los hijos que habían engendrado para Mí, los han hecho pasar por el fuego como alimento de los ídolos. 38Y además han hecho esto contra Mí: aquel mismo día contaminaron mi santuario y profanaron mis sábados, 39aquel día en el que inmolaron sus hijos a sus ídolos, entraron en mi santuario contaminándolo. Eso es lo que hicieron en medio de mi casa. 40Y también buscaron hombres venidos de lejos, invitados por medio de mensajeros; y ya han llegado. Para ellos te habías bañado, te habías pintado los ojos, te habías ataviado con adornos, 41y te recostaste en un lecho precioso. Ante ti está dispuesta una rica mesa sobre la que has puesto mi incienso y mi aceite. 42Allí se oía el clamor de una muchedumbre festiva, una muchedumbre de hombres venidos del desierto que pusieron brazaletes en sus manos, diademas magníficas sobre sus cabezas. 43De ella, que estaba habituada a sus adulterios, he dicho: «continúa entregándose a sus prostituciones». 44Se llegaron a ella como a una prostituta. Así se llegaban a Oholá y a Oholibá, mujeres infames. 45Pero hay hombres justos que las juzgarán según las normas de las adúlteras y según las leyes de las que derraman sangre, porque son adúlteras y hay sangre en su manos.

46»Pues esto dice el Señor Dios: «Convoca contra ellas una reunión y entrégalas al terror y a la rapiña. 47Serán lapidadas por la gente y hechas pedazos con sus espadas. Matarán a sus hijos y a sus hijas y entregarán sus casas al fuego. 48Eliminaré del país su infamia y todas las mujeres aprenderán a no cometer infamias como las suyas. 49Haré recaer sobre ustedes su infamia, cargarán con sus pecados de idolatría y sabrán que Yo soy el Señor Dios».

Alegoría de la olla puesta al fuego

24Ez1El día décimo del décimo mes del noveno año, me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, escríbete la fecha de este día, de hoy, porque hoy mismo el rey de Babilonia ha atacado Jerusalén. 3En parábolas hablarás a la casa rebelde y les dirás: «Esto dice el Señor Dios:

“Prepara una olla,
prepárala y pon agua en ella.
4Añádele unos trozos de carne, la mejor parte, pierna y espalda;
llénala con los mejores huesos.
5Toma lo mejor del ganado.
Dispón bajo la olla un cerco de leña
para que hierva con fuerza,
y cuece también en ella los huesos”».
6Esto dice el Señor Dios:
«¡Ay de la ciudad sanguinaria,
de la olla con herrumbre,
de la que no se le va la herrumbre!
Trozo por trozo sácala sin echar suertes sobre ella.
7Pues su sangre está dentro de ella.
La ha derramado sobre una piedra desnuda;
no la ha derramado sobre la tierra
para que pudiera cubrirla el polvo.
8Para indignarme hasta el límite de mi ira
y tomar venganza,
he derramado su sangre sobre una piedra desnuda,
para que no la puedan cubrir».
9Esto dice el Señor Dios:
«¡Ay de la ciudad sanguinaria!
Yo también voy a hacer una inmensa pira.
10Añade leños, enciende fuego,
cuece la carne hasta que se consuma;
espolvorea especias y se quemarán los huesos.
11Luego, déjala vacía sobre las brasas,
para que se caliente y llegue a estar candente su bronce,
hasta que se funda en su interior su suciedad
y se consuma su herrumbre.
12¡Cuánta fatiga y esfuerzo,
y no sale por completo su herrumbre,
ni siquiera mediante el fuego.

13»Tu impureza es infamante; he querido limpiarte y no te has limpiado de tus manchas. No quedarás limpia hasta que no desahogue mi furia contra ti. 14Yo, el Señor, he hablado. Vendré y lo cumpliré. No me volveré atrás, ni perdonaré ni me aplacaré. Voy a juzgarte según tus caminos, según tus obras, oráculo del Señor».