COMENTARIO
Este oráculo, dentro de su severidad, revela cierta comprensión. El Señor no condena a esas mujeres como hechiceras, ya que habrían sido castigadas con la muerte por idólatras (cfr Ex 22,17; Lv 20,27). Las censura por embaucadoras y por utilizar sus artes para engañar a la gente sencilla. El profeta se dirige a ellas como «hijas de Israel» y no como adivinas o con algún otro apelativo que podría haber resultado insultante. Parece que al denunciarlas con más suavidad busca su conversión y no su condena.
«Por un puñado de cebada» (v. 19). La necesidad no justifica el comportamiento de aquellas mujeres, aunque el profeta parece disculparlas de alguna manera. Los profetas falsos recibirán un castigo muy severo: «Vosotros pereceréis… y sabréis que Yo soy el Señor» (v. 14). Estas hijas de Israel sólo serán condenadas a no tener más visiones, y reconocerán al Señor cuando Él libre a su pueblo de sus engaños (v. 23). «Oremos —dice Orígenes— para que Dios nos libre de tales maestros que, estén donde estén, hablan sólo según lo que espera el que les escucha, que hieren y dividen la Iglesia, que se parecen a los que buscan más su placer que amar al Señor» (Homiliae in Ezechielem 3,6).