COMENTARIO

 Ez 16,35-43 

En los castigos anunciados (vv. 36-38) subyace la ley del talión: los pueblos y dioses a los que Jerusalén se entregó, serán sus verdugos; los crímenes de sangre exigen castigos de sangre (cfr Ex 21,12; Lv 24,17); el adulterio es castigado con la lapidación (Lv 20,10; Dt 22,23-24).

«Los que has amado, y… los que has odiado» (v. 37). El uso de términos opuestos es un recurso semita frecuente para indicar la preferencia por los primeros, aunque también se acepte a los segundos, en este caso «los odiados». Así Jacob llama «la amada» a Raquel, y «la odiada» a Lía (cfr Gn 29,31); y Jesús llegará a decir que quien «no odia a su padre y a su madre… no puede ser mi discípulo» (Lc 14,26).

«Y aún no he obrado según tus crímenes» (v. 43). El texto hebreo presenta una lectura diferente: «¿No has obrado crímenes mayores que tus abominaciones?». Sin duda, el texto ha sufrido deterioros y es difícil encontrar su sentido exacto. Nosotros hemos preferido seguir la versión griega y latina que es coherente con el contexto y refleja mejor la misericordia divina, incluso en el castigo.

Volver a Ez 16,35-43