COMENTARIO

 Ez 17,22-24 

Los caps. 15 a 17 contienen diversas alegorías. Lo peculiar de esta imagen del cedro que describe la restauración final es la insistencia en la acción de Dios mediante la repetición explícita del pronombre de primera persona «Yo» («Yo voy a llevarme…», «Yo, el Señor, he humillado…», «Yo, el Señor, lo digo…»). Algunos comentaristas han pensado que estos versículos podrían ser una interpolación tardía, pero el estilo del oráculo y su contenido esperanzador encajan perfectamente en el pensamiento de Ezequiel.

«En él anidarán todas las aves» (v. 23). Son las mismas palabras que el relato del diluvio usó para referirse a que todas las aves entraron en el arca. Se muestra así el carácter escatológico del oráculo: tras el destierro, como tras el diluvio, todo será radicalmente nuevo, si bien a partir de algo que existía ya con anterioridad. Por otra parte, al decir «todas las aves», está enseñando la universalidad del futuro Israel. No es extraño por eso que nuestro Señor Jesucristo utilizara una imagen semejante para describir el Reino de Dios: el reino es como un grano de mostaza que crece y que «llega a hacerse como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas» (Mt 13,32).

«Yo, el Señor, he humillado al árbol elevado» (v. 24). El Señor, una vez más, es el protagonista de la historia del pueblo. Él es el autor de la vida, que da vigor a lo que está seco, y de la muerte, haciendo que lo más lozano perezca. Él se muestra inflexible ante los arrogantes que no le aceptan (cfr 31,10-14). El Nuevo Testamento repetirá de mil maneras el valor de la humildad: «El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado» (Mt 23,12).

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