COMENTARIO

 Ez 20,5-10 

La narración de las tres primeras etapas están basadas en las tradiciones del éxodo y recuerdan el nacimiento y primeros pasos del pueblo. En ellas se pone de manifiesto la iniciativa divina y su presencia activa. Ezequiel, pasando por alto el período patriarcal, sitúa el comienzo del pueblo en Egipto —«en el país de Egipto» (v. 5)— porque allí se les presentó, les juró su favor y, con grandes prodigios, les manifestó su Nombre: «Yo soy el Señor, vuestro Dios» (v. 5). Como enseña el Catecismo: «En los momentos decisivos de su Economía, Dios revela su Nombre, pero lo revela realizando su obra. Esta obra no se realiza para nosotros y en nosotros más que si su Nombre es santificado por nosotros y en nosotros» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2808).

Ellos «se rebelaron», fueron desleales e insumisos (v. 8). El Señor decidió castigarlos, pero no lo hizo «en atención a su Nombre» (v. 9). El nombre del Señor (cfr 20,9.14.22), que es santo (cfr 20,39), determina la suspensión de la sentencia dictada.

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