COMENTARIO

 Ez 20,11-17 

La primera generación del desierto sigue la misma suerte. El Señor les dio los preceptos (vv. 11-12), y ellos se rebelaron (v. 13); entonces, el Señor decidió aniquilarlos (v. 13), pero no lo hizo en atención a su Nombre (v. 14). De todos modos, por los pecados cometidos en el desierto, ni Moisés ni los que iniciaron la peregrinación entraron en la tierra prometida.

La mención de los sábados (v. 12; cfr Jr 17,19-27) refleja el interés del sacerdote Ezequiel (cfr 22,8.26; 23,38) para que los deportados observen las exigencias del sábado, como seña de identidad dentro del ambiente pagano de Babilonia: «No es cosa sin misterio que entre los días de la semana Dios eligiese el séptimo. Él mismo llama a este día señal en Éxodo y en Ezequiel (…). El sábado significaba para los hombres, ante todo, la necesidad de dedicarse a Dios, de ser y mostrarse santos ante sus ojos cuando todo un día estaba consagrado a Él de modo especial, como testimonio de la particular necesidad de un culto de santidad y religión. Significaba también y conmemoraba la admirable creación del universo, hecha para alabanza y testimonio de Dios. Finalmente, significaba y recordaba a los judíos la prodigiosa ayuda divina con que fueron liberados de la esclavitud de los egipcios (…). El sábado es, además, señal y símbolo de aquel otro sábado espiritual y celeste que consiste en un santo y místico reposo del alma» (Catecismo Romano 3,4,13-15).

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