COMENTARIO

 Ez 20,18-26 

La segunda generación del desierto experimentó de nuevo el mismo proceso: el Señor volvió a darles sus preceptos y sus sábados (v. 20), ellos se rebelaron (v. 21) y el Señor decidió descargar sobre ellos su ira y exterminarlos (v. 21), pero no lo hizo en atención a su Nombre (v. 22). Sin embargo, como consecuencia de sus delitos (v. 24) el Señor les impuso «normas que no dan vida» (v. 25), incluso la inmolación de niños a Moloc (v. 26). Ya San Jerónimo (cfr Commentarii in Ezechielem, in loc.) explicó que este modo semita de hablar no significa que el Señor obligara a los israelitas a las prácticas idolátricas y monstruosas frecuentes entre los cananeos, sino que los abandonó a sus instintos más bajos y no impidió que cometieran las mismas aberraciones que sus vecinos (cfr 2 R 16,3; 17,17). San Pablo también explica los delitos de los paganos, atribuyendo a Dios el haberles castigado abandonándolos: «Cuando demostraron no tener un verdadero conocimiento de Dios, Dios los entregó a un perverso sentir, que los lleva a realizar acciones indignas» (Rm 1,28).

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