COMENTARIO

 Ez 20,30-32 

Los deportados que están escuchando todo esto no son víctimas de los pecados de sus antepasados, puesto que ellos han cometido los mismos delitos y la misma idolatría. Han caído mucho más bajo que sus padres porque están perdiendo la esperanza de que el Señor pueda liberarlos, y se ven condenados a ser como los paganos para siempre, «adoradores del árbol y la piedra» (v. 32).

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