COMENTARIO

 Ez 21,13-22 

Magnífico himno a la espada como instrumento en manos de Dios para llevar a cabo el castigo. Con tonos poéticos se describe la calidad de la espada (vv. 13-16) y el dolor del pueblo amenazado por ella (vv. 17-18); se presenta al profeta celebrando la eficacia de la espada, que multiplica sus golpes hasta cumplir su cometido cruel (vv. 19-20), y la satisfacción del Señor que ha completado el castigo (v. 21).

«Hiere tus caderas» (v. 17). Golpearse las caderas o los muslos era un gesto en los pueblos semitas para expresar dolor o duelo, como lo atestiguan algunos antiguos escritos; equivale a nuestros golpes de pecho.

«Profetiza y bate palma contra palma» (v. 19). El profeta tiene sentimientos encontrados y tras lamentar la ruina de Judá, debe mostrar alegría por haberse cumplido la sentencia de Dios. En este bello poema subyace la idea de que el destierro es castigo, pero es también purificación del pueblo. Así es la espada: instrumento de dolor, que en manos de Dios se transforma en instrumento de salvación. De modo análogo, en la Nueva Economía la cruz, que era expresión del más humillante tormento, es celebrada como fuente de salvación en el conocido himno litúrgico a la cruz, atribuido a Venancio Fortunato: «Oh cruz fiel, árbol único en nobleza, ¡jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto! ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza» (Himno de la liturgia de Viernes Santo, Miscellanea 2,2).

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