COMENTARIO
Todos los miembros del pueblo son culpables y merecedores del castigo que se avecina. Han incumplido sus obligaciones: Los príncipes de la casa real y los mismos reyes debían procurar el bien de los súbditos (cfr Dt 17,14-20) y no enriquecerse a costa de ellos (v. 25). Los sacerdotes debían observar con esmero las normas del culto, especialmente las del sábado (v. 26). Los jefes tenían la obligación de juzgar sin sacar provecho de sus sentencias (v. 27; cfr Dt 16,18-20). Los profetas (cfr Dt 18,9-22) debían transmitir sólo la palabra de Dios, no sus propias alucinaciones (v. 28). Finalmente el pueblo llano debía mantener la convivencia especialmente con los más desfavorecidos. El lamento final de no encontrar un justo o un intercesor que detuviera el inminente castigo (v. 30) es particularmente sentido, como un eco negativo de la intercesión de Abrahán por Sodoma (cfr Gn 18,22-33).