COMENTARIO

 Ez 23,1-49 

En la secuencia de condenas a Jerusalén y a todo Israel, Ezequiel retoma la imagen esponsal desarrollada en el cap. 16. En este caso hay un mayor interés por ceñirse a los acontecimientos históricos, condenando las alianzas peligrosas con pueblos paganos más que los abusos cultuales e idolátricos. De hecho, aun en contra de las leyes del Levítico (cfr Lv 18,18), el Señor toma por esposas a dos hermanas, al estilo de Jacob, que simbolizan los dos reinos, el de Samaría, asolado el año 721 por los asirios (cfr 2 R 17,5-23), y el de Jerusalén destruido el año 587.

Los nombres de las hermanas quizá tenían un significado más profundo que hoy se nos escapa. Etimológicamente Oholá significa «la tienda de ella» y Oholibá «mi tienda está en ella», indicando probablemente que el santuario, la tienda de Samaría, era ilegítimo, mientras que el de Jerusalén era el auténtico del Señor. Por otra parte, la crudeza del lenguaje usado en el relato indica que los delitos no pueden justificarse; son la causa de las catástrofes de ambos reinos. Y también queda reflejado el amor intenso de Dios por los habitantes de ambas ciudades.

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