COMENTARIO

 Ez 28,11-19 

Los oráculos contra Tiro culminan con esta elegía en la que, como exige el estilo, se mezclan, y en este caso se contraponen, las cualidades más nobles con los delitos más viles. Hay en este poema alusiones claras al relato de la creación: el rey de Tiro, como el primer hombre, ha sido puesto en el Edén, colmado de riquezas y acompañado del «querubín protector» (vv. 14-16). Pero también pecó con delitos de violencia (v. 16), y fue expulsado por el mismo querubín que lo protegía. La expulsión del Edén es prototipo de todo castigo divino, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica, puesto que allí se dio el paso del paraíso de la libertad a la servidumbre de este mundo (cfr n. 2061). En cambio, vivir los mandatos de Dios es hacer de uno mismo un jardín de delicias (cfr v. 13). Así lo apuntaba un antiguo escritor cristiano: «Si os encontráis con estas enseñanzas [las del Verbo] y las escucháis con atención, conoceréis lo que Dios procura a quienes lo aman con rectitud, pues os habréis convertido en un jardín de delicias, habréis hecho brotar en vosotros mismos un árbol floreciente que ofrece todo tipo de frutos y estaréis adornados con frutos variados» (Epistula ad Diognetum 12,1).

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