Muerte de la esposa de Ezequiel

15Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

16—Hijo de hombre, voy a quitarte de improviso la delicia de tus ojos. Pero no harás lamentos, ni llorarás, ni derramarás lágrimas. 17Gime en silencio, no hagas el luto de los muertos; tú cíñete el turbante y pon en tus pies tu calzado. No veles tu cara ni comas pan de duelo.

18Hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde había muerto mi esposa. A la mañana siguiente hice lo que me había mandado. 19Y me dijo el pueblo:

—¿Por qué no nos explicas qué significa lo que haces?

20Y les contesté:

—Me ha sido dirigida la palabra del Señor, diciendo: 21«Habla a la casa de Israel, esto dice el Señor Dios: “Voy a profanar mi santuario, orgullo de su vigor, delicia de sus ojos y anhelo de sus almas. Sus hijos e hijas, que han dejado, caerán a espada. 22Ustedes harán lo que Yo he hecho: no velarán su cara ni comerán pan de duelo, 23llevarán el turbante en sus cabezas y calzado en los pies, no harán lamentos, no derramarán lágrimas, sino que se consumirán por sus iniquidades y gemirán unos con otros. 24Ezequiel será para ustedes un signo. Cuando esto ocurra, harán lo que él ha hecho y sabrán que Yo soy el Señor.

25»Y tú, hijo de hombre, el día que Yo les arrebate su fortaleza, su alegría exultante, la delicia de sus ojos y el anhelo de sus almas, a sus hijos e hijas, 26ese día, llegará a ti el fugitivo para anunciártelo. 27Aquel día se abrirá tu boca para hablar con el fugitivo. Hablarás y no volverás a callar. Serás para él un signo y sabrán que Yo soy el Señor”».

SEGUNDA PARTE:
JUICIO Y CONDENA DE LAS NACIONES

Contra los amonitas

25Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, vuelve tu rostro hacia los hijos de Amón y profetiza contra ellos. 3Di a los hijos de Amón: «Escuchen la palabra del Señor Dios. Esto dice el Señor Dios: “Porque han dicho ‘¡Ajá!’ contra mi santuario cuando fue profanado, contra el país de Judá, cuando quedó desolado, y contra la casa de Judá, cuando fueron llevados a la cautividad, 4por eso, voy a entregarte en posesión a manos de los hijos de oriente: pondrán sus campamentos dentro de ti y plantarán sus tiendas en ti. Comerán tus frutos y beberán tu leche. 5Convertiré Rabat en pasto de camellos y a los hijos de Amón en redil de ganados, y sabrán que Yo soy el Señor”».

6»Porque esto dice el Señor Dios: «Porque has batido las palmas y golpeado con los pies y te has alegrado con toda la fuerza de tu alma contra el país de Israel, 7voy a desplegar mi mano contra ti y te entregaré al desprecio de las naciones, te extirparé de entre los pueblos, te quebrantaré y te haré desaparecer de entre los países, y sabrás que Yo soy el Señor».

Contra los moabitas

8»Esto dice el Señor Dios: «Porque Moab y Seír dijeron: “La casa de Judá es como el resto de las naciones”, 9por eso, abro el flanco de Moab privándole de sus ciudades, de las ciudades de sus fronteras, la gala del país: Bet–Ha-Yesimot, Baal-Meón y Quiriataim. 10Junto con los hijos de Amón, la entregaré en posesión a los hijos de oriente para que nunca más se recuerde entre las naciones a los hijos de Amón. 11Dictaré sentencia contra Moab y sabrán que Yo soy el Señor».

Contra los edomitas

12»Esto dice el Señor Dios: «Por haber desahogado Edom su venganza contra la casa de Judá, por haberse hecho culpable al pecar tomando venganza de ellos, 13por eso, esto dice el Señor Dios: “Voy a desplegar mi mano contra Edom. Voy a extirpar de ella hombres y animales, y la convertiré en un desierto. Desde Temán a Dedán caerán a espada. 14Descargaré mi venganza sobre Edom por medio de mi pueblo Israel. Actuarán en Edom según mi ira y mi cólera, y ellos conocerán mi venganza, oráculo del Señor Dios”».

Contra los filisteos

15»Esto dice el Señor Dios: «Porque los filisteos obraron por venganza y porque se vengaron con toda la fuerza de su alma, dando muerte sólo por una antigua enemistad, 16por eso, esto dice el Señor Dios: “Voy a desplegar mi mano contra los filisteos y daré muerte a los quereteos y aniquilaré hasta los que queden de la región del Mar. 17Cumpliré con ellos grandes venganzas, con severos escarmientos, y sabrán que Yo soy el Señor, cuando descargue sobre ellos mi venganza”».

Oráculo contra Tiro

26Ez1El día primero del año undécimo me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, por lo que Tiro dijo de Jerusalén:
«¡Vaya!, ha sido quebrantada
la puerta de las naciones,
se ha vuelto hacia mí;
la que abundaba está asolada».
3Por eso, esto dice el Señor Dios:
«Estoy contra ti, Tiro,
y haré que naciones numerosas suban contra ti,
como sube la marea del mar.
4Derribarán los muros de Tiro,
destruirán sus torres.
Raeré de ella hasta el polvo,
y la dejaré como una piedra desnuda.
5Será un secadero de redes en medio del mar,
porque Yo he hablado,
oráculo del Señor Dios.
Será el botín de las naciones.
6Hasta sus hijas que estén en el campo
morirán a espada
y sabrán que soy el Señor».
7Porque esto dice el Señor Dios:
«Desde el norte, haré venir sobre Tiro
a Nabucodonosor, rey de Babilonia,
rey de reyes, con caballos, carros y jinetes,
y un gran número de tropas.
8Hará morir a espada
a tus hijas que estén en el campo;
levantará contra ti un muro de asalto,
hará un terraplén
y pondrá contra ti una defensa de escudos.
9Con sus arietes golpeará en tus murallas
y derribará tus torres con sus hachas.
10La multitud de sus caballos será tal
que su polvo te cubrirá.
Con el estrépito de jinetes, ruedas y carros
se estremecerán tus muros,
cuando él atraviese tus puertas
como quien entra en una ciudad expugnada.
11Las pezuñas de sus caballos
hollarán todas tus calles.
Matará a espada a tu pueblo
y las fuertes columnas caerán por tierra.
12Saquearán tus riquezas,
te despojarán de tus mercancías,
derribarán tus muros,
expoliarán tus casas más ricas
y arrojarán al medio de las aguas tus piedras,
tus maderas y tu polvo.
13Haré que cese el clamor de tus canciones,
no volverá a oírse el sonido de tus cítaras
14y te convertiré en una piedra desnuda.
Serás un secadero de redes,
no volverás a ser edificada,
porque Yo he hablado,
oráculo del Señor Dios».

15»Esto dice el Señor Dios a Tiro: «¿No han de temblar las islas por el fragor de tu ruina, por el gemir de tus heridos, cuando llegue el exterminio en medio de ti? 16Todos los príncipes del Mar descenderán de sus tronos, depondrán sus mantos, arrojarán de sí sus ropas bordadas. Se vestirán de luto, se sentarán en el suelo y, por tu causa, temerán sorprendidos y desolados por tu suerte. 17Entonarán por ti una elegía y te dirán:

“¡Cómo has perecido, la que habitas en el Mar,
ciudad famosa,
que eras poderosa en el Mar,
ella y sus habitantes,
que infundían el terror a todo el continente!
18Temen ahora las islas,
en el día de tu caída;
las islas del mar sienten terror por tu fin”».

19»Porque esto dice el Señor Dios: «Cuando te convierta en una ciudad abandonada, como las ciudades deshabitadas; cuando haga subir sobre ti el abismo y te cubran aguas numerosas, 20te arrojaré con los que bajaron a la fosa, con el pueblo pretérito. Te pondré en las profundidades de la tierra, como las ruinas de antaño, con los que bajaron a la fosa, para que no vuelvas a ser habitada ni restablecida en el país de los vivos. 21Te entregaré al terror y dejarás de existir, serás buscada y ya no te encontrarán jamás, oráculo del Señor Dios».

Lamentación sobre Tiro

27Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Tú, hijo de hombre, entona una elegía por Tiro 3y di a Tiro, ciudad situada a las puertas del Mar, que comercia con las naciones y con las islas numerosas: «Esto dice el Señor Dios:

“Tiro, tú has dicho:
‘Yo soy la hermosura perfecta’.
4Están tus fronteras en el corazón del Mar.
Los que te construyeron, te hicieron de perfecta hermosura.
5Fabricaron tus cuadernas con abetos de Senir,
arrancaron un cedro del Líbano para hacerte un mástil.
6Emplearon en tus remos encinas de Basán,
y construyeron tus puentes de marfil
incrustado en cipreses de las islas de Quitim.
7Era tu vela de lino fino con bordados de Egipto
y te servía de enseña.
Tu toldo, de púrpura violácea y púrpura escarlata
de las islas de Elisá.
8Habitantes de Sidón y Arvad
te servían de remeros;
tus sabios, Tiro,
eran tus timoneles.
9Los ancianos de Guebal y sus peritos estaban contigo
para reparar tus averías.
Todas las naves del mar y sus marinos
estaban a tu lado para traficar con tus mercancías.
10Los de Persia, de Lud, y Put
servían en tu ejército
como guerreros tuyos.
Colgaban en ti su escudo y su yelmo;
te daban esplendor.
11Los hijos de Arvad
guarnecían con tu propio ejército tus muros
y los de Gamad tus torres.
Colgaban sus escudos alrededor de tus muros
y completaban tu hermosura.

12»Tarsis negociaba contigo por la abundancia de tus riquezas. A cambio de tus mercancías daban plata, hierro, estaño y plomo. 13Yaván, Tubal y Mésec negociaban contigo. Hombres y utensilios de bronce entregaban a cambio de tus mercancías. 14Los de Bet–Togarmá llevaban a tu mercado caballos, corceles de guerra y mulos. 15Los hijos de Dedán negociaban contigo. Numerosas islas eran tus intermediarios en los negocios, te entregaban como tributo colmillos de marfil y madera de ébano. 16Negociaba contigo Edom por la abundancia de tus productos, y pagaban tus mercancías con diamantes, púrpura, bordados, lino fino, corales y rubíes. 17Judá y el país de Israel negociaban contigo. Intercambiaban tus productos por trigo de Minit, perfumes, miel, aceite y bálsamo. 18Negociaba contigo Damasco por la abundancia de tus productos, por la variedad de tus riquezas; y pagaban con vino de Jelbón y lana de Sajar. 19Dan y Yaván venían desde Uzal para negociar contigo. Hierro forjado, canela y caña dulce intercambiaban contigo. 20Dedán negociaba contigo en sillas de montar. 21Arabia y los príncipes de Quedar eran tus intermediarios en los negocios, comerciando con corderos, carneros y machos cabríos. 22Los comerciantes de Sabá y Ramá negociaban contigo, y a cambio de tus mercaderías te entregaban todos los aromas exquisitos y toda suerte de piedras preciosas y oro. 23Jarán, Cané y Edén negociaban contigo. Sabá, Asiria y Quilmad también negociaban contigo. 24Intercambiaban contigo vestidos de lujo, mantos de púrpura violácea y bordados, ricos tapices y maromas fuertes; éste era su negocio contigo. 25Las naves de Tarsis eran las principales en llevar tus mercancías.

Tú eras opulenta y llegaste a ser gloriosa
en el corazón de los mares.
26Tus remeros
te llevaban por alta mar
cuando el viento de levante te quebró
en el corazón de los mares.
27Tus riquezas, tus tesoros, tus abundantes mercancías,
tus marinos y timoneles,
los que arreglan desperfectos, los que trafican con tus mercancías,
todos los guerreros que hay en ti
y toda la muchedumbre que está en tu interior
caerán en el corazón de los mares
el día de tu ruina.
28Al oír el grito de tus navegantes,
se estremecerán los de la costa,
29y descenderán de sus navíos
todos los que manejan el remo;
los marineros y los hombres de mar
se mantendrán firmes en tierra.
30Harán que sobre ti resuenen sus gritos.
Gemirán con amargura,
echarán polvo sobre sus cabezas,
se revolcarán en ceniza,
31se raparán por ti la cabeza,
se vestirán de saco
y llorarán por ti en la amargura de espíritu
con amargo lamento.
32Con tristeza entonarán por ti una lamentación,
harán por ti elegías:
‘¿Quién era como Tiro,
sumergida ahora en medio de los mares?
33Cuando del mar sacaban tus mercancías,
saciabas a naciones numerosas
con la abundancia de tus riquezas,
y con tus mercancías enriquecías a los reyes de la tierra.
34Ahora yaces quebrantada por los mares
en el abismo de las aguas.
Tus riquezas y toda tu tripulación se han hundido.
35Todos los habitantes de las islas
han quedado asombrados por tu causa;
sus reyes tiemblan de miedo,
sus rostros se han demudado.
36Los comerciantes entre las naciones,
silban contra ti.
Te has convertido en objeto de horror,
y nunca más volverás a existir’”».

Oráculo contra el rey de Tiro

28Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: «Esto dice el Señor Dios:
“Has ensoberbecido tu corazón
y has dicho: ‘Soy un dios,
sobre el trono de los dioses me siento,
en el corazón de los mares’.
Siendo un hombre y no un dios,
has querido igualar tu corazón con el corazón de Dios.
3Siendo más sabio que Daniel,
ningún secreto te es desconocido,
4y con tu sabiduría y tu prudencia
has acrecentado tu poder
y adquirido oro y plata para tus tesoros.
5Por tu gran sabiduría y por tu actividad
has acrecentado tu poder,
de modo que se ha ensoberbecido tu corazón por tus riquezas”.
6Por eso, esto dice el Señor Dios:
“Porque has querido igualar tu corazón con el corazón de Dios,
7he aquí que voy a atraer contra ti
a los extranjeros más crueles de entre las naciones.
Desnudarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría
y profanarán tu esplendor.
8Te harán bajar a la fosa y morirás
con la violencia de los que mueren en el corazón de los mares.
9¿Seguirás diciendo entonces: ‘Soy un dios’,
ante los que te maten,
cuando aparezcas como hombre y no como dios,
en manos de tus asesinos?
10Morirás con muerte de incircunciso
a manos de extranjeros,
porque Yo he hablado,
oráculo del Señor Dios”».

Lamentación sobre el rey de Tiro

11Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

—Hijo de hombre, entona una elegía por el rey de Tiro 12y dile: «Esto dice el Señor Dios:

“Eres modelo de perfección,
pleno de sabiduría, perfecto en belleza.
13Estabas en Edén, jardín de Dios.
Tu vestido lo formaban todas las piedras preciosas:
rubíes, topacios y diamantes;
crisólitos, piedras de ónice y jaspe;
zafiro, turquesa y esmeralda.
El oro colmaba la hechura de tus engastes y tus anillos;
todo dispuesto desde el día en que fuiste creado.
14Te establecí junto a un querubín desplegado y protector,
estabas en el monte santo de Dios,
caminabas en medio de piedras de fuego.
15Fuiste perfecto en tus caminos
desde el día en que fuiste creado,
hasta que fue hallada en ti la iniquidad.
16Por tu comercio abundante,
se llenó tu interior de violencia, y pecaste.
Te expulsé del monte de Dios
y te arrojó el querubín protector,
de entre las piedras de fuego.
17Tu corazón se ha ensoberbecido por tu belleza,
tu sabiduría se ha corrompido a causa de tu esplendor.
Te he arrojado por tierra
y te he puesto delante de los reyes,
para que se fijen en ti.
18Con la abundancia de tus culpas,
con tu comercio inicuo,
has profanado tus santuarios.
Por eso, he hecho salir de en medio de ti
un fuego que te consume,
y te he reducido a polvo
a la vista de todos los que te miran.
19Entre las naciones, los que te conocen
se asombrarán por tu causa.
Te convertirás en objeto de horror
y no existirás nunca más”».

Oráculo contra Sidón

20Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

21—Hijo de hombre, dirige tu rostro hacia Sidón y profetiza contra ella, 22diciendo: «Esto dice el Señor Dios:

“Estoy contra ti, Sidón,
y mostraré mi gloria en medio de ti.
Sabrán que soy el Señor
cuando haga justicia contra ella
y manifieste en ella mi santidad.
23Enviaré contra ella la peste
y correrá la sangre por sus calles.
Las víctimas caerán en medio de ella bajo la espada
que pesará sobre ella en todas partes;
y sabrán que Yo soy el Señor.

24»No habrá ya para la casa de Israel ni un aguijón punzante, ni una espina que le cause dolor, por parte de todos los que la rodean y la desprecian. Y sabrán que Yo soy el Señor Dios”.

25»Esto dice el Señor Dios: “Cuando reúna a la casa de Israel de entre las naciones en las que están dispersos, por medio de ellos manifestaré mi santidad a la vista de todas las naciones. Y habitarán en su tierra, la que di a mi siervo Jacob. 26Habitarán en ella seguros. Edificarán casas, plantarán viñas y habitarán confiadamente cuando haga justicia contra todos los que los rodean y los desprecian. Y sabrán que Yo soy el Señor, su Dios”».

Oráculos contra Egipto

29Ez1El día doce del décimo mes del año décimo me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, dirige tu rostro contra el faraón, rey de Egipto y profetiza contra él y contra todo Egipto. 3Habla y di: «Esto dice el Señor Dios:

“Estoy contra ti, faraón, rey de Egipto,
gran cocodrilo
que te recuestas en medio de tus ríos
y dices: ‘Mío es el río, yo lo he hecho’.
4Voy a clavar garfios en tus mandíbulas,
pegaré los peces de tus ríos a tus escamas,
te sacaré de tus ríos
con todos los peces de tus ríos pegados a tus escamas.
5Te arrojaré al desierto,
a ti y a todos los peces de tus ríos:
irás a caer sobre la superficie del campo
y no serás recogido ni sepultado.
Te he entregado como alimento
a las bestias de la tierra y a las aves del cielo.
6Y sabrán todos los habitantes de Egipto
que Yo soy el Señor,
pues han sido sólo un bastón de caña
para la casa de Israel.
7Cuando te agarraron con la mano,
te hiciste pedazos hiriendo su espalda,
y cuando se apoyaron sobre ti,
te quebraste haciendo vacilar sus caderas”.

8»Por eso, esto dice el Señor Dios: “Atraeré sobre ti la espada y exterminaré de ti hombres y animales. 9El país de Egipto se convertirá en desolación y ruina, y sabrán que Yo soy el Señor. Por haber dicho: ‘Mío es el río, yo lo he hecho’. 10Estoy contra ti y contra tus ríos. Haré del país de Egipto una ruina completa y una desolación desde Migdol hasta Sevene y hasta el confín de Cus. 11No transitará por él pie humano, ni pata de animal transitará por él. Durante cuarenta años no será habitado. 12Haré del país de Egipto una desolación, en medio de países desolados. Durante cuarenta años sus ciudades quedarán desoladas en medio de las ciudades devastadas. Dispersaré a los egipcios entre las naciones, los esparciré entre los pueblos”.

13»Esto dice el Señor Dios: “Al cabo de cuarenta años, reuniré a los egipcios de las naciones en las que estaban dispersos, 14cambiaré la suerte de Egipto y los estableceré en el país de Patrós, su país de origen, y allí serán un reino débil. 15Será el más débil de los reinos y no volverá a elevarse sobre las naciones. Los haré insignificantes para que no dominen sobre las naciones. 16No volverá a ser esperanza para la casa de Israel pues les recordará la culpa de seguir tras de ellos. Y sabrán que Yo soy el Señor Dios”».

Egipto entregado a Nabucodonosor

17El día primero del primer mes del año vigésimo séptimo me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

18—Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, ha hecho que su ejército llevara a cabo una gran empresa contra Tiro. Toda cabeza ha sido rapada y toda espalda llagada. Pero ni él ni su ejército han obtenido provecho de la empresa llevada a cabo contra Tiro.

19»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Voy a dar a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el país de Egipto. Él se llevará sus riquezas, se apoderará del botín y tomará sus despojos para que sirvan de salario para su ejército. 20En recompensa por lo que llevó a cabo contra Tiro, le he dado el país de Egipto, porque lo han hecho por Mí, oráculo del Señor Dios. 21Aquel día haré rebrotar el poder de la casa de Israel y a ti te permitiré abrir la boca en medio de ellos, y sabrán que Yo soy el Señor».

El día del Señor sobre Egipto

30Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, profetiza y di: «Esto dice el Señor Dios:
“¡Giman! ¡Ay del día aquel!
3Porque está próximo el día,
próximo el día del Señor.
Será día de tormenta el tiempo de las naciones.
4Sobrevendrá sobre Egipto la espada,
habrá pavor en Cus,
cuando caigan las víctimas en Egipto,
se apoderen de sus riquezas
y queden destruidos sus cimientos.
5Cus, Put, Lud y toda la Arabia,
Cub y los hijos del país aliado
caerán con ellos a espada”.
6Esto dice el Señor Dios:
“Caerán los que sostienen a Egipto
y se vendrá abajo el orgullo de su fuerza.
Desde Migdol a Sevene caerán allí a espada,
oráculo del Señor Dios.

7»Egipto quedará desolado entre las naciones desoladas, y sus ciudades entre las ciudades devastadas, 8y sabrán que Yo soy el Señor, cuando prenda fuego a Egipto y sean quebrantados todos los que le ayudan.

9»Aquel día, saldrán de mi presencia mensajeros en naves para llevar el espanto a Cus que se siente segura. Habrá pavor entre ellos el día de Egipto, y ya llega”.

10»Esto dice el Señor Dios: “Pondré fin a la abundancia de Egipto, por medio de Nabucodonosor, rey de Babilonia. 11Él y su pueblo, el más violento de las naciones, vendrán para asolar el país. Desenvainarán sus espadas contra Egipto y llenarán de víctimas el país. 12Dejaré secas las riberas de sus ríos, entregaré el país a manos de malvados y devastaré el territorio y cuanto contiene por mano de extranjeros. Yo, el Señor, he hablado”.

13Esto dice el Señor Dios:

“Destruiré los ídolos,
haré desaparecer las divinidades de Menfis.
No volverá a haber un príncipe
sobre el país de Egipto,
y causaré terror en el país de Egipto.
14Arrasaré Patrós,
prenderé fuego a Soán,
haré justicia en No.

15»Derramaré mi cólera sobre Sin, fortaleza de Egipto, y arrancaré la abundancia de No. 16Prenderé fuego a Egipto. Como una parturienta se retorcerá Sin. Será expugnada No y en Menfis entrarán los enemigos en pleno día. 17Los jóvenes de Heliópolis y Pi–Béset caerán a espada y las ciudades mismas serán llevadas cautivas. 18En Tafnes, el día se convertirá en tinieblas, cuando quiebre allí los cetros de Egipto y ponga fin al orgullo de su fuerza. La cubrirá una nube y sus hijas serán llevadas cautivas. 19Haré justicia contra Egipto, y sabrán que Yo soy el Señor”».

Las fuerzas desgastadas del faraón

20El día séptimo del primer mes del año undécimo me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

21—Hijo de hombre, he quebrado el brazo del faraón, rey de Egipto, y no ha sido vendado para devolverle la salud, ni se le ha envuelto en vendajes para robustecerle y que pudiera empuñar la espada. 22Por eso, esto dice el Señor Dios: «Estoy contra el faraón, rey de Egipto. Quebraré sus dos brazos, el fuerte y el roto, y haré que la espada caiga de su mano. 23Dispersaré a Egipto entre las naciones, lo esparciré entre los pueblos. 24Robusteceré los brazos del rey de Babilonia, pondré mi espada en su mano, y quebraré los brazos del faraón, que gemirá ante aquél con alaridos de víctima. 25Robusteceré los brazos del rey de Babilonia y se desplomarán los del faraón. Y sabrán que Yo soy el Señor cuando ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia y la esgrima contra el país de Egipto. 26Dispersaré a Egipto entre las naciones, los esparciré entre los pueblos, y sabrán que Yo soy el Señor».

Alegoría del gran cedro

31Ez1El día primero del tercer mes del año undécimo me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, di al faraón, rey de Egipto, y a su gente:
«¿A quién te pareces en tu grandeza?
3Mira: a un ciprés, a un cedro del Líbano,
de hermosas ramas y copa frondosa,
de tronco tan elevado
que su copa se eleva entre las nubes.
4Las aguas lo hacían crecer,
el abismo lo hacía subir,
sus ríos manaban en torno a las raíces,
enviando sus corrientes a todos los árboles del campo.
5Así superó en altura
a todos los árboles del campo.
Se multiplicaban sus ramas
y su frondoso ramaje
por la abundancia de agua en las crecidas.
6En sus ramas anidaban
los pájaros del cielo,
bajo su fronda parían
las bestias del campo,
y a su sombra habitaban
naciones numerosas.
7Era hermoso en su grandeza,
por la amplitud de su ramaje,
porque estaba su raíz
cerca de aguas abundantes.
8No había cedros semejantes
en el jardín de Dios.
Los cipreses no le igualaban en ramaje
ni los plátanos tenían fronda como la suya.
No había en el jardín de Dios
árbol que le igualara en hermosura.
9Lo hice hermoso
por la densidad de su ramaje
y sentían celos los árboles de Edén,
los del jardín de Dios».

10»Por eso, esto dice el Señor Dios: «Se elevó en altura, puso su copa entre las nubes y se ensoberbeció su corazón por su altura. 11Por eso, voy a entregarlo en manos del príncipe de las naciones que hará de él lo que quiera; por su impiedad lo he arrojado. 12Lo han talado unos extranjeros, los más crueles de las naciones, y lo han arrojado sobre los montes. Por todos los valles ha caído su ramaje, y su fronda por todas las hondonadas del país. Todas las naciones de la tierra se alejan de su sombra y lo abandonan.

13Sobre sus restos posan
los pájaros del cielo,
y entre sus ramas
se esconden las bestias del campo.

14»No se ensalzará por su altura ningún árbol crecido junto al agua, ni elevará su copa hasta las nubes; ni por su altura confiará en sí mismo ninguno de los árboles regados por las aguas.

Todos han sido entregados a la muerte,
a las regiones profundas,
en medio de los hijos de los hombres,
entre los que bajan a la fosa».

15»Esto dice el Señor Dios: «El día en que descendió al sheol mandé hacer duelo por él y cubrí el abismo: contuve sus ríos y se estancaron las aguas abundantes. Hice vestir de luto al Líbano por su causa, y por él todos los árboles del campo se secaron. 16Al ruido de su caída hice que se estremecieran las naciones, cuando le hice descender al sheol junto con los que bajan a la fosa. Se consolaron en las regiones profundas todos los árboles de Edén, lo más escogido y mejor del Líbano, todos los que abrevan en las aguas. 17También ellos bajaron con él al sheol, con las víctimas de la espada y con los que lo auxiliaban, los que habitaban a su sombra en medio de las naciones.

18»¿A quién eres semejante en gloria y grandeza entre los árboles de Edén? Pues también tú serás precipitado con los árboles de Edén a las regiones profundas. En medio de incircuncisos yacerás, junto con las víctimas de espada. Así será el faraón y toda su gente, oráculo del Señor Dios».

Elegía por la caída del faraón

32Ez1El día primero del duodécimo mes del duodécimo año me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, entona una elegía por el faraón, rey de Egipto y dile:
«Parecías el león de las naciones,
pero eras como un cocodrilo entre las aguas;
bullías en tus ríos,
enturbiabas las aguas con tus patas
y ensuciabas los ríos».
3Esto dice el Señor Dios:
«Extenderé sobre ti mi red
en la reunión de naciones numerosas,
y te haré subir con mi red.
4Te arrojaré sobre el suelo,
te abandonaré en la superficie del campo,
haré que se posen en ti todos los pájaros del cielo,
y saciaré contigo a las bestias de la tierra.
5Pondré tu carne por los montes,
llenaré los valles de tu carroña.
6Empaparé la tierra con tu sangre
derramada por los montes.
Se llenarán de ti las cañadas.
7Cuando te hayas extinguido,
cubriré los cielos y oscureceré sus estrellas.
Cubriré con una nube el sol
y la luna no irradiará su luz.
8Por tu causa haré que se oscurezcan
todas las luminarias del cielo
y extenderé sobre la tierra las tinieblas,
oráculo del Señor Dios.

9»Conmoveré el corazón de muchas naciones cuando Yo haga llegar la noticia de tu quebranto a las naciones, a países que no conoces. 10Haré que muchas naciones tiemblen por tu causa y, por ti, sus reyes se estremecerán con temor cuando haga volar mi espada ante ellos. El día de tu ruina, temerá con temblor cada uno por su vida.

11»Porque esto dice el Señor Dios:

“La espada del rey de Babilonia te alcanzará.
12Con la espada de pueblos poderosos derrumbaré a tu gente;
con los más crueles entre las naciones.
Devastarán la soberbia de Egipto
y arrasarán a toda su gente.
13Exterminaré todos sus ganados
que pastan junto a las aguas abundantes.
Y no volverá a enturbiarlas pie de hombre,
ni volverá a mancharlas pezuña de bestia.
14Entonces haré claras sus aguas,
haré correr sus ríos como aceite,
oráculo del Señor Dios.
15Cuando haga del país de Egipto una tierra desolada,
cuando quede el país privado de cuanto contiene,
cuando hiera a todos los que lo habitan,
sabrán que Yo soy el Señor.

16Ésta es la elegía que entonarán. La entonarán las hijas de las naciones. Por Egipto, por toda su gente la entonarán, oráculo del Señor Dios”».

Lamentación por la muerte del faraón

17El día decimoquinto del primer mes del duodécimo año me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

18—Hijo de hombre, inicia un lamento fúnebre por la gente de Egipto, y hazla descender, a ella y a las hijas de las naciones excelsas, a las profundidades de la tierra, junto con los que descienden a la fosa.

19¿A quién superas en belleza?
Desciende y yace con los incircuncisos.

20»Caerán en medio de las víctimas de la espada. Será entregado a la espada. Será arrastrado Egipto y toda su gente. 21Los guerreros más poderosos le hablarán desde el centro del sheol a él y a sus ayudantes: «Aquí han descendido y yacen los incircuncisos, las víctimas de la espada».

22»Allí está Asur y todas sus huestes, rodeando sus sepulturas: todos ellos han caído víctimas de la espada. 23Sus sepulturas fueron puestas en lo más profundo de la fosa y sus gentes están rodeadas por sus sepulturas, todos han caído víctimas de la espada; ellos, que llevaban el terror por la tierra de los vivos.

24»Allí está Elam y todas sus huestes rodeando su sepultura; todos ellos han caído víctimas de la espada, incircuncisos que descendieron a las profundidades de la tierra; ellos, que llevaban el terror por la tierra de los vivos, cargan con su deshonra junto a los que descienden a la fosa. 25En medio de las víctimas le dispusieron un lecho a él y a toda su gente. Le rodean sus sepulturas, todos ellos incircuncisos víctimas de la espada. Igual que llevaron el terror por la tierra de los vivos, cargan con su deshonra junto a los que descienden a la fosa. Han sido puestos en medio de las víctimas.

26»Allí Mésec, y Tubal con todas sus huestes, rodeando su sepultura; todos ellos son incircuncisos, víctimas de la espada, porque llevaron el terror de los fuertes por la tierra de los vivos. 27No yacerán junto a los fuertes incircuncisos, que descendieron al sheol con sus instrumentos de batalla: con las espadas bajo sus cabezas y los escudos sobre sus huesos, porque fueron el terror en la tierra de los vivos. 28Y tú, en medio de incircuncisos serás destrozado y yacerás con las víctimas de la espada.

29»Allí está Edom, sus reyes y todos sus príncipes, que, con todo su poderío, fueron puestos junto a las víctimas de la espada. Ellos yacerán con los incircuncisos y los que descienden a la fosa.

30»Allí están todos los soberanos del norte y todos los de Sidón, que descendieron con las víctimas, a pesar del terror causado por su fuerza. Yacen incircuncisos con las víctimas de la espada y cargan con su deshonra con los que descienden a la fosa.

31»Los verá el faraón y se consolará de la suerte de su gente. Serán víctimas de la espada el faraón y todo su ejército, oráculo del Señor Dios. 32Porque permití que llevara el terror a la tierra de los vivos, el faraón y toda su gente yacerán en medio de incircuncisos, junto a las víctimas de la espada, oráculo del Señor Dios».

TERCERA PARTE:
ESPERANZA Y RENOVACIÓN DE ISRAEL

El profeta, centinela del pueblo

33Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo y diles: «Si Yo llevo la espada contra un país y el pueblo llano toma a uno de los suyos y lo ponen como centinela suyo, 3cuando vea la espada que viene sobre el país, tocará la trompeta para prevenir a la gente. 4El que escuche el sonido de la trompeta y no lo atienda, llegará la espada, lo herirá de muerte y su sangre caerá sobre su cabeza. 5El que escuche el sonido de la trompeta y no lo atienda, su sangre recaerá sobre él. El que lo atienda, salvará su vida. 6Si el centinela ve llegar la espada, pero no toca la trompeta y la gente no lo atiende; si llega la espada y hiere a alguno de ellos, éste perecerá por su culpa, pero reclamaré su sangre de mano del centinela».

7»A ti, hijo de hombre, te he puesto como centinela sobre la casa de Israel: escucharás la palabra de mi boca y les advertirás de mi parte. 8Si digo al impío: «Impío, vas a morir», y no hablas para advertir al impío de su camino, este impío morirá por su culpa, pero reclamaré su sangre de tu mano. 9Pero si tú adviertes al impío para que se aparte de su camino y no se aparta, él morirá por su culpa pero tú habrás salvado tu vida.

La responsabilidad personal

10»Tú, hijo de hombre, di a la casa de Israel: «Andan diciendo: “Nuestros delitos y nuestros pecados están sobre nosotros y desfallecemos por ellos; ¿cómo podremos vivir?”». 11Diles: «Por mi vida, oráculo del Señor Dios: “No quiero la muerte del impío, sino que se convierta de su camino y viva. Conviértanse, conviértanse de sus malos caminos. ¿Por qué han de morir, casa de Israel?”».

12»Tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: «La justicia del justo no lo salvará el día que cometa delito, y la impiedad del impío no lo arrastrará el día en que se aparte de su impiedad, como el justo no continuará viviendo en justicia el día que peque. 13Si digo al justo: “Vas a vivir” y él, confiando en su justicia, comete iniquidad, nada de su justicia será recordado y morirá por la iniquidad que cometió. 14Y si digo al malvado: “Vas a morir”, y él se aparta de su pecado y practica el derecho y la justicia, 15devuelve la prenda, restituye lo robado y camina en los preceptos de vida, sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá, no morirá. 16No se le imputará ninguno de los pecados que ha cometido; ha practicado el derecho y la justicia y, ciertamente, vivirá.

17»Dicen los hijos de tu pueblo: “No es justo el camino del Señor”. El camino de ellos es el que no es justo. 18Si el justo se aparta de su justicia y comete iniquidad, morirá por ello. 19Si el impío se aparta de su maldad y practica el derecho y la justicia, por ello vivirá. 20Ustedes dicen: “No es recto el camino del Señor”. Yo juzgaré a cada uno de ustedes según sus caminos, casa de Israel».

Ezequiel recupera la palabra

21El día quinto del décimo mes del duodécimo año de nuestro destierro llegó hasta mí un fugitivo de Jerusalén diciendo:

—Ha sido devastada la ciudad.

22La mano del Señor había venido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo; y abrí mi boca cuando llegó a mí por la mañana. Se abrió mi boca y no volví a estar mudo.

23Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

24—Hijo de hombre, los habitantes de esas ruinas en el país de Israel andan diciendo: «Abrahán, que era uno sólo, heredó la tierra. A nosotros, que somos muchos, se nos ha dado la tierra en posesión». 25Por tanto, diles: «Esto dice el Señor Dios: “Ustedes han comido sangre, han alzado sus ojos a los ídolos y han derramado sangre, ¿pretenden poseer la tierra? 26Han confiado en sus espadas, han cometido abominaciones y cada cual ha deshonrado a la mujer de su prójimo, ¿y pretenden heredar la tierra?”». 27Diles: «Esto dice el Señor Dios: “Los habitantes de las ruinas caerán a espada, el que está en el campo será entregado a las fieras para que lo devoren, y los que están en los altozanos y en las cuevas morirán de peste. 28Convertiré el país en desolación y destrucción, terminará el orgullo de su poder y quedarán desolados los montes de Israel: nadie pasará por ellos. 29Y sabrán que Yo soy el Señor cuando convierta la tierra en desolación y destrucción por todas las abominaciones que han cometido”».

30»Respecto a ti, hijo de hombre: los hijos de tu pueblo hablan de ti junto a los muros, a las puertas de las casas y se dice el uno al otro, cada uno a su prójimo: «Vengan y escuchen qué palabra ha salido de Dios». 31Acuden a ti como cuando se congrega el pueblo: mi pueblo se sienta delante de ti, escuchan tus palabras pero no las cumplen; hablan como si las amaran, pero su corazón va tras su avaricia. 32Tú eres para ellos como una canción de amor, que se entona con voz suave y con dulce concierto de cuerdas. Escuchan tus palabras pero no las cumplen. 33Cuando suceda lo que está anunciado, y está a punto de llegar, sabrán que había un profeta en medio de ellos.

Oráculo contra los malos pastores

34Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y di a los pastores: «Esto dice el Señor Dios: “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos: ¿no son los rebaños lo que deben apacentar los pastores? 3Se alimentan de su leche, se cubren con su lana y matan las reses más cebadas, pero no apacientan el rebaño. 4No han robustecido a las débiles ni sanado a las enfermas. No han vendado a la herida ni han recogido a la descarriada. No han buscado a la que se había perdido. Al contrario, las han guiado con crueldad y violencia. 5Por falta de pastor fueron dispersadas mis ovejas, y se han convertido en alimento de todas las bestias del campo. Han sido dispersadas. 6Iban errantes mis ovejas por todos los montes, por toda colina elevada. Mis rebaños estaban dispersos por toda la superficie de la tierra y no había quién los buscara, ni se cuidara de ellos”».

7»Por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: 8«Por mi vida, oráculo del Señor Dios: Porque mi rebaño ha sido convertido en objeto de robo y mis ovejas en alimento de todas las bestias del campo por falta de pastor; porque mis pastores no buscaban mi rebaño, sino que se apacentaban a sí mismos y no apacentaban mi rebaño, 9por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor. 10Esto dice el Señor Dios: “Estoy contra los pastores: reclamaré mi rebaño de su mano y les impediré pastorear a mis ovejas para que los pastores no vuelvan a apacentarse a sí mismos. Libraré mi rebaño de su boca y nunca más les servirá de alimento”».

El Señor, pastor de Israel

11»Porque esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré. 12Como recuenta un pastor su rebaño cuando está en medio de sus ovejas que se han dispersado, así recontaré mis ovejas y las recogeré de todos los lugares en que se dispersaron en día de niebla y oscuridad. 13Las sacaré de entre las naciones, las reuniré de entre los países y las haré entrar en su tierra. Las apacentaré en los montes de Israel, en las vaguadas y en todas las moradas del país. 14Las apacentaré en buenos pastos. Su aprisco estará en los montes altos de Israel. Descansarán allí en un aprisco bueno y encontrarán abundantes pastos en los montes de Israel. 15Yo mismo pastorearé mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Dios. 16Buscaré a la perdida, haré volver a la descarriada, a la que esté herida la vendaré, y curaré a la enferma. Tendré cuidado de la bien nutrida y de la fuerte. Las pastorearé con rectitud».

17»A ustedes, rebaño mío, esto dice el Señor Dios: «Yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos. 18¿No les basta pacer en buen pasto, para que lo que queda de sus pastos lo pisoteen con sus patas? ¿No les basta beber el agua clara, para que enturbien con sus pezuñas el agua que queda? 19Mis ovejas tienen que comer lo que habían arrasado con sus patas y beber lo que habían enturbiado con sus pezuñas».

20»Por eso, esto les dice el Señor Dios: «Yo mismo voy a juzgar entre oveja gorda y oveja flaca. 21Porque apartan con la espalda y el costado y atacan con sus cuernos a todas las débiles hasta que las echan fuera. 22Voy a salvar a mi rebaño y nunca más será objeto de pillaje. Voy a juzgar entre oveja y oveja».

Nuevo pastor, nueva Alianza

23»Pondré sobre ellas un pastor que las apacentará, mi siervo David. Él las apacentará, será su pastor. 24Yo, el Señor, seré su Dios y mi siervo David será príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado. 25Estableceré con ellos una alianza de paz y eliminaré de la tierra las bestias nocivas, para que puedan habitar seguros en el desierto, y dormir en los bosques.

26»Los convertiré en una bendición, a ellos y a los alrededores de mi montaña. Haré que caiga la lluvia a su tiempo, serán lluvias de bendición. 27El árbol del campo dará sus frutos y la tierra dará sus cosechas. Ellos vivirán seguros en su tierra y sabrán que Yo soy el Señor cuando rompa las coyundas de su yugo y los libre de la mano de los que les oprimen. 28Nunca más serán presa de las naciones. No volverán a devorarlos las fieras de la tierra. Habitarán seguros y no habrá quien les infunda terror. 29En su favor haré germinar una semilla renombrada y nunca más serán víctimas del hambre en la tierra. Nunca más soportarán la deshonra de las naciones. 30Y sabrán que Yo, el Señor, su Dios, estoy con ellos, que ellos son mi pueblo, la casa de Israel, oráculo del Señor Dios. 31Y ustedes, mis ovejas, son el rebaño de mi aprisco, Yo soy su Dios, oráculo del Señor Dios».

Condena de los montes de Edom

35Ez1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:

2—Hijo de hombre, dirige tu rostro hacia el monte de Seír, profetiza contra él 3y dile: «Esto dice el Señor Dios:

“Estoy contra ti, monte de Seír.
Voy a extender mi mano contra ti
y te convertiré en desolación y destrucción.
4Reduciré a ruina tus ciudades y tú serás desolación
y sabrás que Yo soy el Señor.

5»Porque has mantenido odio perpetuo contra los hijos de Israel y los has entregado al poder de la espada en el tiempo de su desgracia, en el tiempo de la culminación de su culpa. 6Por eso, por mi vida, oráculo del Señor Dios: Te entregaré a la sangre y la sangre te perseguirá. Porque has odiado tu misma sangre, la sangre te perseguirá. 7Convertiré el monte de Seír en desolación y desierto, y eliminaré al que va y viene a través de él. 8Llenaré de víctimas sus montes. Los muertos a espada caerán en tus montañas y vaguadas, en todos tus valles. 9Te convertiré en un desierto para siempre y tus ciudades no serán habitadas. Entonces sabrán que Yo soy el Señor”.

10»Porque has dicho: “Las dos naciones y los dos países serán para mí y los poseeré en herencia, aun estando allí el Señor”, 11por eso, por mi vida, oráculo del Señor Dios: Actuaré conforme a la ira y los celos con que tú has actuado, lleno de odio contra ellos: me daré a conocer entre ellos cuando haga justicia contigo. 12Y sabrás que Yo, el Señor, he oído todos los ultrajes que has proferido contra los montes de Israel cuando decías: “Están devastados: nos han sido dados como alimento”.

13»Se han encumbrado contra Mí con su boca y han multiplicado las palabras contra Mí. Yo lo he oído. 14Esto dice el Señor Dios: “Con el regocijo de toda la tierra, te convertiré en desolación”. 15Como te alegraste por la heredad de la casa de Israel, porque estaba desolada, así actuaré contigo: serás desolación, monte de Seír, Edom todo entero, y sabrán que Yo soy el Señor».

Bendición de los montes de Israel

36Ez1»Tú, hijo de hombre, profetiza sobre los montes de Israel y di: «Montes de Israel, escuchen la palabra del Señor. 2Esto dice el Señor Dios: “El enemigo ha dicho de ustedes: ‘¡Vaya! Los collados eternos han venido a ser posesión nuestra’”». 3Por eso, profetiza y di: «Esto dice el Señor Dios: “Han sido desolados y aplastados por todas partes con el fin de que fueran posesión de las otras naciones. Han estado en labios de deslenguados y han sido el oprobio del pueblo. 4Por eso, montes de Israel, escuchen la palabra del Señor Dios. Esto dice el Señor Dios a los montes y las montañas, a los valles y las vaguadas, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas, que han venido a ser botín y escarnio para las demás naciones de su entorno”. 5Por eso, esto dice el Señor Dios: “Con el fuego de mi celo he hablado contra el resto de las naciones y contra todo Edom, que, con el corazón lleno de alegría y el espíritu lleno de desprecio, han tomado mi país en posesión para su expolio y escarnio”». 6Por eso, profetiza sobre la tierra de Israel y di a los montes y montañas, a los valles y a las vaguadas: «Esto dice el Señor Dios: “Hablo con celo y con ira, porque han sufrido la deshonra de las naciones”. 7Esto dice el Señor Dios: “Yo he jurado a mano alzada: las naciones de su alrededor sufrirán también su deshonra. 8Y ustedes, montes de Israel, producirán sus ramos y darán su fruto para mi pueblo, Israel, que está próximo a venir. 9Yo estoy por ustedes. Volveré a ustedes: serán surcados y sembrados. 10Multiplicaré en ustedes a los hombres. Toda la casa de Israel quedará completa, serán habitadas las ciudades y reconstruidas las ruinas. 11Multiplicaré en ustedes a los hombres y los animales, se multiplicarán, darán fruto y haré que se repueblen como en los tiempos antiguos. Les daré mayores bienes que en sus inicios y sabrán que Yo soy el Señor. 12Haré que caminen hacia ustedes los hombres, todo Israel, mi pueblo. Te poseerán y serás su heredad. Y nunca más volverás a dejarlos sin hijos”».

13»Esto dice el Señor Dios: «Porque dicen de ustedes: “Eres devoradora de hombres, privas de hijos a las naciones”, 14por eso, no volverás a devorar hombres y no volverás a privar de hijos a tu nación, oráculo del Señor Dios. 15No permitiré que vuelvas a escuchar la deshonra de las naciones sobre ti, ni volverás a sufrir la infamia de las naciones ni volverás a privar de hijos a tu nación, oráculo del Señor Dios».