COMENTARIO
La elegía o canto fúnebre contiene, de ordinario, una alabanza de las cualidades de la persona, ciudad o nación desaparecida. En ésta, sin embargo, la alabanza se limita a comparar al faraón y a Egipto con un león (v. 2), o con el cocodrilo mitologizado (cfr 29,3-5), mientras que la descripción de la devastación y exterminio ocupa el resto. Puede dividirse la elegía en una primera parte, que describe la desaparición del dragón del Nilo (vv. 3-10), y una segunda, que desarrolla la aplicación de la metáfora a la caída de Egipto a manos de los babilonios (vv. 11-16). Como los oráculos anteriores, este canto está impregnado de gozo por el triunfo del Señor sobre los enemigos, aunque, al tratarse de una elegía, no se recrea en la humillación que supone la catástrofe de Egipto.