COMENTARIO
Este canto fúnebre está fechado el año duodécimo, es decir, el 586 a.C., como el anterior (32,1). Está construido literariamente sobre un esquema repetido, casi con las mismas palabras, para describir la suerte de pueblos famosos en tiempos pasados y desaparecidos por completo: Asiria y su capital Nínive, Elam como representante de los pueblos mesopotámicos, Mésec y Tubal, pioneros de Asia Menor, y finalmente fenicios y edomitas. La cadencia de las mismas expresiones refuerza la sensación de que el desenlace final es inevitable. Si aquellos pueblos terminaron en el sheol (v. 21), en las profundidades de la tierra (vv. 23.24), Egipto, su faraón y sus huestes seguirán la misma suerte.
La fuerza doctrinal y hasta poética del oráculo parte de la pregunta retórica: «¿A quién superas en belleza?», es decir, en nobleza (v. 19). Y la respuesta irreversible: «Desciende y yace con los incircuncisos» (v. 19). El castigo mayor de Egipto consiste en equipararlo con los pueblos más crueles y más infieles.
A la vista de las desgracias anunciadas en los oráculos contra las naciones, los deportados se sentirían aliviados y reconocerían al Señor que les mantuvo vivos con la esperanza del regreso a la tierra y la renovación del pueblo entero.