COMENTARIO
Los cometidos del profeta en la etapa posterior a la caída de Jerusalén, siendo los mismos que antes, presentan matices significativos: el profeta es, como antes, el centinela encargado de denunciar los peligros que amenazan la seguridad de la casa de Israel (vv. 1-9; cfr 3,16-21); también, debe ser consciente de la responsabilidad personal ante sus oyentes de modo que, aunque no le atiendan, él es responsable de advertirles (vv. 10-20; cfr 14,22-23 y 18,1-20). Además, y probablemente esto es lo más relevante de la nueva etapa, debe ser especialmente elocuente puesto que Dios le ha curado la mudez (vv. 21-22), para poder explicar el verdadero derecho a heredar la tierra (vv. 23-29) y proclamar su mensaje con la seguridad de quien habla en nombre de Dios (vv. 30-33).