COMENTARIO

 Ez 36,16-39,29 

En esta penúltima sección del libro, el profeta contempla la restauración de Israel con diversas imágenes. Los oráculos tienen un horizonte escatológico, más acentuado todavía en la segunda parte (38,1-39,29).

En su conjunto, las palabras del profeta son un canto a la esperanza, porque para el Señor no hay imposibles: es capaz de renovar a Israel (36,16-38) dándole un corazón y un espíritu nuevos (36,25); puede hacer que el pueblo vuelva de la muerte a la vida (37,1-14); y la unidad entre el nuevo pueblo y su Señor será casi edénica (37,15-28), tan admirable, que será asombro para los pueblos (37,28). Los oráculos finales (38,1-39,29) presentan en un clímax dramático las distintas vicisitudes por las que pasa el pueblo hasta la restauración final. Parece que son los imperios los que guían el curso de los acontecimientos, pero únicamente el Señor domina la historia: al final su victoria será tan portentosa, que no sólo Israel, sino las naciones todas reconocerán al Señor.

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