COMENTARIO

 Ez 37,26 

«Una alianza de paz». Las últimas promesas del oráculo (vv. 24-28) tienen carácter mesiánico, como se deduce de la mención de David, rey y pastor (v. 24), y de la insistencia en que los bienes serán perpetuos, tanto la permanencia en la tierra (v. 25) como el establecimiento del Santuario (vv. 27.28). La paz (cfr 34,25) es el mayor bien mesiánico (cfr Is 9,5), que supone la liberación de los enemigos externos, pero sobre todo, la relación estrecha con Dios y con el prójimo. Jesucristo llamó bienaventurados a los pacíficos (cfr Mt 5,9). «La paz de Cristo —enseña el Concilio Vaticano II— procede de Dios. Pues el mismo Hijo encarnado, Príncipe de la paz, por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios y, restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo, mató en su propio cuerpo el odio y, exaltado por la resurrección, derramó el Espíritu de Caridad en los corazones de los hombres» (Gaudium et spes, n. 78).

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