COMENTARIO
El reconocimiento definitivo del Señor se escenifica en un impresionante banquete sacrificial, en el que los seres vivos de la creación se alimentarán de la víctima sacrificada, el enemigo del pueblo, en honor del Señor (vv. 17-20). El banquete escatológico es figura de la soberanía del Señor sobre todos los animales invitados a saciarse con los despojos del ejército enemigo (cfr Is 25,6-8). Ezequiel subraya el carácter sacrificial mostrando que las víctimas también dan gloria a Dios. El Apocalipsis (cfr Ap 19,17-18) recoge esta misma imagen del festín escatológico y glorioso.
La última sección (vv. 21-29) resume la finalidad de la renovación de Israel anunciada en los caps. 33-39: la gloria y la santidad del Señor. Como don por excelencia de la renovación de Israel se anuncia la efusión del Espíritu (v. 29). Desde el Nuevo Testamento, la expresión se entiende como anuncio de la presencia renovadora del Espíritu Santo en el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, pues Él con diversos dones «la une (…), la construye y dirige (…) y la adorna con sus frutos. Con la fuerza del Evangelio, el Espíritu rejuvenece a la Iglesia, la renueva sin cesar y la lleva a la unión perfecta con su Esposo» (Conc. Vaticano II, Lumen Gentium, n. 4).