COMENTARIO

 Ez 40,1-48,35 

La última visión del libro contiene la descripción detallada del nuevo Templo (caps. 40-43), la normativa sobre el nuevo culto (caps. 44-46) y la distribución del territorio en la nueva etapa (caps. 47-48). El estilo literario es diferente de todo lo anterior hasta el punto de que algunos comentaristas llegaron a pensar que había sido redactado por un autor posterior. Sin embargo, sus argumentos no son concluyentes. Además, esta teofanía extraordinaria completa la del río Quebar (caps. 1-3) y la del Templo profanado, en que la gloria de Dios abandona Jerusalén (caps. 8-11), y muestra la entrada solemne de la gloria de Dios en la ciudad santa y la toma de posesión del Templo.

La idea central de esta sección estaba ya presente en el libro, a saber, la necesidad de purificar y renovar a las personas, instituciones y hasta la misma tierra, porque sólo así es posible la relación con Dios, el Santo. La renovación, por tanto, más que una exigencia derivada de la Alianza, es una necesidad previa a la relación del pueblo con el Señor. Esta doctrina lleva una gozosa carga de esperanza para los deportados compatriotas de Ezequiel y para los lectores posteriores: Dios, siempre fiel a su palabra, no abandona a los suyos, aunque a veces las desgracias circunstanciales parezcan mostrar lo contrario.

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