COMENTARIO
La visión llega al punto más importante: «La gloria del Señor entró en el Templo por la puerta que da a oriente» (v. 4), es decir, por el mismo lugar por donde había salido cuando abandonó el Templo y la ciudad (cfr 10,19; 11,22-23). De este modo la renovación del Templo y del pueblo queda completada hasta el punto de que no volverá a haber profanaciones ni impurezas (vv. 7-9).
«Yo habitaré en medio de ellos para siempre» (v. 9). La presencia de Dios es garantía de seguridad y de eficacia. Nuestro Señor prometió a los discípulos su presencia hasta el fin de los tiempos (Mt 28,20) y la Iglesia se desarrolla y se extiende por todo el mundo gracias a la presencia de Jesús y a la asistencia del Espíritu Santo: «El Dios que buscamos no está lejos de nosotros, ya que está dentro de nosotros, si somos dignos de esta presencia. Habita en nosotros como el alma en el cuerpo, a condición de que seamos miembros sanos de él, de que estemos muertos al pecado. Entonces habita verdaderamente en nosotros» (S. Columbano, Instructiones 1,3).