COMENTARIO
La presencia de la gloria de Dios en el Templo modifica y da sentido a la participación de los miembros del pueblo en el culto que, a partir de ahora, será la siguiente: el príncipe puede permanecer en el umbral de la puerta de oriente, sin entrar en ella (vv. 1-3); todos los israelitas pueden entrar en el Templo, pero no los extranjeros (vv. 4-9); los levitas son servidores del Templo, pero no podrán ofrecer sacrificios (vv. 10-14); los sacerdotes, descendientes de Sadoc, ofrecen los sacrificios y, en consecuencia, serán más observantes de las normas rituales; percibirán el sustento de los demás israelitas porque su dedicación al culto ha de ser exclusiva (vv. 15-31).
La primacía del culto en el nuevo Israel es señal de la orientación religiosa del pueblo, que ha de buscar en todas sus actividades la gloria de Dios. En el Nuevo Testamento la enseñanza que aquí subyace quedará abiertamente expuesta, por ejemplo, en las palabras de Jesús en el sermón de la montaña: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os añadirán» (Mt 6,33).