COMENTARIO

 Ez 44,1-3 

La puerta oriental permanecerá cerrada para siempre, como señal de que la gloria de Dios, su presencia, no abandonará más el Templo. Los Santos Padres (cfr, por ejemplo, S. Jerónimo, Epistolae 48,21) han visto en esta puerta cerrada un símbolo de la virginidad de María. El seno de la madre del Señor fue morada del hijo de Dios que nació sin quebrantar la entrada: «Siendo tantos y tan sublimes los misterios de la concepción y el nacimiento de Cristo, no es de extrañar que la divina Providencia los preanunciara con admirables figuras y profecías. Son muchos los pasajes de la Escritura que los santos doctores han interpretado refiriéndolos a este misterio: recordemos entre otros aquella puerta del santuario que Ezequiel vio cerrada, aquella piedra arrancada por sí sola del monte, aquella vara de Aarón…» (Catecismo Romano 1,4,10).

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