COMENTARIO

 Dn 1,8-16 

El autor sagrado se sirve aquí a su manera de las normas alimentarias judías (cfr 1 M 1,62), que hace extensibles incluso al vino, para mostrar que los efectos derivados del cumplimiento de la Ley judía son más excelentes que lo que pueda proporcionar la mesa del rey. Comer y beber de la mesa real sería, por otra parte, equivalente a participar de la comunión con sus dioses. Para aquellos jóvenes, mantener su identidad religiosa no era incompatible con la función para que se les preparaba. En esta misma línea, «recordar a un cristiano que su vida no tiene otro sentido que el de obedecer a la voluntad de Dios, no es separarle de los demás hombres» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 21).

Dios muestra su protección a través de las reacciones de los hombres, en este caso suscitando en el jefe de la guardia una actitud de simpatía hacia los jóvenes judíos (v. 9). Y es que «los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307).

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