COMENTARIO

 Dn 1,17-21 

Aunque Daniel y sus compañeros son instruidos en la cultura caldea, la sabiduría no les viene de ella, sino de Dios que la otorga como un don (v. 17). Esa sabiduría abarca la comprensión de las cosas humanas y la inteligencia de las sobrenaturales, contenidas en las visiones y sueños que Daniel va a ser capaz de interpretar. El rey comprueba la superioridad de la sabiduría de Daniel y de los judíos, pero todavía no llega a reconocer de dónde procede. Lo hará más adelante (cfr 2,47). El lector judío o cristiano del libro sí sabe, en cambio, de dónde procede la verdadera sabiduría. «La verdad de Dios es su sabiduría que rige todo el orden de la creación y del gobierno del mundo (cfr Sb 13,1-9). Dios, único Creador del cielo y de la tierra (cfr Sal 115,15), es el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas las cosas creadas en su relación con Él (cfr Sb 7,17-21)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 216).

Resumiendo la actividad de Daniel y los tres jóvenes en Babilonia y entendiendo que era el Verbo de Dios quien les infundía aquella sabiduría comenta San Hipólito de Roma: «Era el Verbo quien les hacía progresar en toda sabiduría y mostrarse testigos fieles en Babilonia para que por ellos lo que los babilonios veneraban fuese cubierto de oprobio, Nabucodonosor fuera vencido por tres niños, por la fe de ellos fuera alejado el fuego del horno, la bienaventurada Susana fuera arrancada de la muerte, y la vil pasión de los injustos ancianos puesta al descubierto. Tales son las victorias realizadas en Babilonia por estos cuatro jóvenes amados de Dios que poseían en el corazón el temor de Dios» (Commentarium in Danielem 1,11).

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