COMENTARIO

 Dn 2,1-49 

La estructura literaria del pasaje contribuye a crear una tensión que se resuelve felizmente. Primero se describe una situación humanamente insoluble, ya que el rey pide algo imposible: que le adivinen su sueño (2,1-12). Después interviene Daniel orando a Dios y adivinando el sueño e interpretándolo al rey (2,13-45). Finalmente el rey reconoce al Dios de Daniel (2,46-49). De esta forma queda patente hasta qué punto Dios da a Daniel capacidad para interpretar sueños (cfr 1,17), y cómo, mediante ese don, se produce precisamente la salvación de los sabios de Babilonia y el reconocimiento del verdadero Dios por parte del rey.

La cronología señalada al comienzo (2,1) no cuadra con la expuesta en el capítulo anterior, que suponía al menos tres años de reinado de Nabucodonosor antes de que Daniel pasase a formar parte de los sabios del reino (cfr 1,5.18.20). Esto indica que el autor sagrado no ha querido preocuparse de las precisiones históricas y que, probablemente, recoge relatos ya existentes sobre Daniel como intérprete de sueños.

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