COMENTARIO
Aunque no parece que el rey hubiese consultado a Daniel, éste y sus compañeros van a participar de la misma suerte que los magos caldeos. No hay mucha lógica; pero lo que le interesa al narrador es mostrar la solidaridad de Daniel con aquellos magos y preparar la intervención de éste para que todos sean librados de la muerte. Hay una buena dosis de ironía en todo ello.
La intervención de Daniel consta de tres actos: primero una actuación sabia y prudente (vv. 14-16); después la oración (vv. 17-23); y, finalmente, la revelación del sueño al rey (2,27-45). Daniel actúa prudentemente dirigiéndose primero al jefe de la guardia de forma parecida a como había hecho antes (cfr 1,8-16), y así obtener un plazo de tiempo. El lector puede suponer que obtiene ese plazo a través del jefe de la guardia, no yendo él mismo a visitar al rey (v. 16).
La oración sencilla y humilde de Daniel y sus compañeros obtiene lo que no puede alcanzar la inteligencia humana. Dios al iluminar la mente de Daniel en aquella visión nocturna le comunica el don de profecía; no así al rey, que sólo recibe imágenes en su mente (cfr 2,28.31). Daniel, consciente de aquel don divino, prorrumpe en una acción de gracias a Dios proclamando su soberanía en la naturaleza y en la historia, y su bondad para escuchar a quien le suplica como su Dios (vv. 20-23). El simbolismo de la luz (v. 22) indica aquí el conocimiento sin límites que Dios tiene de todo lo que existe y de lo que acontece y acontecerá.