COMENTARIO
La escena está cargada de ironía y contiene una profunda enseñanza. Nabucodonosor, «rey de reyes» (2,37), se postra ante Daniel, socialmente insignificante, y le trata como emisario divino. Al reconocer la absoluta soberanía del Dios de Israel, el rey es modelo para todos los gentiles, y al confesar que Dios revela los misterios a Daniel está proclamando la superioridad incomparable de la sabiduría que viene de Dios sobre la que tienen los sabios de su reino. Estamos también ante una crítica de las artes adivinatorias paganas, cuya inutilidad es reconocida por el mismo rey.