COMENTARIO

 Dn 3,1-100 

Este relato presenta un tono muy distinto al de los anteriores, aunque también tiene como escenario la corte de Nabucodonosor. Ahora se trata del conflicto que surge entre los judíos adoradores del Dios único y los gentiles idólatras; algo parecido a lo que sucede en el cap. 6. Siguiendo el texto de la versión griega, que es el que sigue la Iglesia y el que figura en las traducciones católicas al uso, el pasaje puede dividirse en tres partes: en la primera se expone la negativa de tres jóvenes judíos a adorar la estatua erigida por el rey y su condena a ser arrojados al horno de fuego (3,1-23); en la segunda, ausente en el texto arameo, se recogen las oraciones de los jóvenes en el horno (3,24-90), y en la tercera se narra la comprobación del rey de que el fuego no les ha hecho daño y su reconocimiento del Dios de Israel (3,91-100). La secuencia en la numeración de versículos en la tercera parte difiere por tanto en los textos griego y arameo. En la traducción seguimos la del griego, poniendo entre paréntesis la del arameo.

El conjunto del pasaje viene a mostrar que Dios es capaz de librar de la muerte a quienes están dispuestos a perder su vida antes que adorar a los ídolos. A la pregunta inicial del rey: «¿Qué dios os podrá librar de mis manos?» (3,15), corresponde la confesión final del mismo rey: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-Negó, que ha enviado a su ángel a salvar a sus siervos» (3,95).

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