COMENTARIO
Aquí la traducción vuelve a enlazar con el texto arameo. Las versiones griegas introducen lo que viene a continuación diciendo que el rey oyó cantar a los jóvenes en el horno, y de ahí su admiración; el texto arameo sólo habla de la admiración de que estén vivos (v. 91). La salvación se ha realizado en el lugar mismo del tormento, adonde llega el ángel para acompañar a los tres jóvenes. Nabucodonosor lo comprueba desde fuera. Para la mentalidad politeísta del rey, el cuarto personaje con la apariencia de un «hijo de los dioses» (v. 92) es un ser divino; el autor del relato deja claro, sin embargo, que es simplemente un ángel (v. 95). Por medio de él manifiesta Dios su providencia. La asistencia divina, comenta Novaciano, «no permitió que ni siquiera los vestidos de aquellos jóvenes se quemasen. Con razón sucedió todo esto, pues Dios mantiene todas las cosas y abarca todo, pero la totalidad del universo consta de cada una de las cosas. Por consiguiente la asistencia divina se extenderá a cada cosa, dado que su providencia abarca la totalidad de lo que existe» (De Trinitate 8,43).
Los Santos Padres vieron bajo ese «hijo de dioses» a Cristo, el Hijo de Dios. «Daniel conoce al Hijo de Dios y conoce las obras de Dios. Ha visto al Hijo de Dios que regaba de rocío el horno; en cambio, respecto a las criaturas, cuando dice criaturas todas del Señor, bendecid al Señor, no enumeró junto con ellas al Hijo, porque sabía que Él no es una criatura, sino que por medio de Él fueron creadas, de modo que es celebrado y superexaltado en el Padre» (S. Atanasio, Epistulae ad Serapionem 2,6).
La reacción del rey es narrada con una buena dosis de ironía: alaba precisamente que aquellos jóvenes hayan transgredido sus órdenes jugándose la vida, y les premia por ello. A los mismos a quienes se dirigía la perentoria orden de adorar la estatua dirige ahora el rey la orden de respetar al Dios de los judíos. El comportamiento heroico de los jóvenes, que habían aceptado el martirio, y su milagrosa liberación llevan al cambio de actitud en el rey.
La profesión de monoteísmo y el reconocimiento del reinado eterno de Dios, hechos por el rey en los vv. 98-100, se comprenden mejor como parte del capítulo siguiente en el que sigue hablando el mismo rey Nabucodonosor en primera persona. De ahí que en la versión griega de Teodoción estos versículos, que están por otra parte ausentes en la versión de los Setenta, aparecen como los primeros del cap. 4.