COMENTARIO

 Dn 6,20-25 

Que los leones no hagan daño a Daniel se debe a una intervención divina, una vez más, por medio de su ángel (cfr 3,49). Es el signo de la inocencia de Daniel ante Dios y, consecuentemente, ante el rey (v. 23). Y es el signo por el que el rey adquiere fuerza para actuar conforme a su ser de rey y establecer justicia (vv. 24-25). Mediante la fidelidad de Daniel a su religión, y la prueba en la que Dios ha manifestado su protección, queda al descubierto la perversidad de aquella ley, y el rey rectifica. El autor sagrado señala la causa del milagro: que Daniel confió en su Dios (v. 24). La descripción del castigo de los enemigos de Daniel responde a las costumbres de la época, queriéndose decir que fue el más severo.

San Agustín comenta que los leones respetaron a Daniel porque él fue fiel a Dios: «Sométete al que está sobre ti y estarán por debajo de ti aquellos sobre los que fuiste puesto. Porque, ciertamente, por el pecado el hombre se quiere poner por encima de aquel bajo el que debería estar, se somete a aquellos sobre los que debería estar… Reconoce a aquel que está sobre ti para que te reconozcan los que están por debajo de ti, pues así cuando Daniel reconoció a Dios por encima de él, los leones le reconocieron a él superior a ellos» (In epistolam Ioannis 8).

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