COMENTARIO
El rey no duda en escribir un edicto contrario al que había firmado antes (cfr 6,10). Su tenor es semejante al que daba Nabucodonosor en 3,98-100. Así se muestra que tanto el rey babilónico como el rey medo habían reconocido al Dios de los judíos como Dios verdadero y único al que pertenece un reinado eterno. A tal reconocimiento han llegado por la sabiduría que Dios otorga a los judíos y de manera especial a Daniel, y por el testimonio de fidelidad a su religión que ellos dieron en medio de las adversidades.