COMENTARIO
Con este capítulo termina la parte del libro escrita en arameo y en él vuelven a aparecer elementos que ya encontrábamos en el cap. 2 con el que comenzaba esta parte. Entre estos elementos destaca la esquematización de la historia en cuatro períodos representados allí por metales y aquí por bestias, y la instauración al final de un reino eterno. De esta forma el presente capítulo es, por un lado, culminación de la parte escrita en arameo y, por otro, sirve de comienzo a la parte en la que Daniel recibe y escribe las revelaciones divinas, que continúa en hebreo. El capítulo octavo, en efecto, escrito en hebreo, vendrá a ser explicación del séptimo, y los restantes hasta el duodécimo son similares a estos dos por su contenido y estructura: primero se presenta la exposición que Daniel hace de su sueño o visión, y después la interpretación que recibe de un ser angélico. En este capítulo la exposición del sueño ocupa los vv. 1-14 y su interpretación los vv. 15-28. Visión e interpretación forman un mismo evento que Daniel pone por escrito señalando el principio (cfr 7,1) y el final (cfr 7,28). Así se fortalece la certeza del lector, que se apoya en lo que Dios ha revelado a Daniel y éste ha puesto por escrito.