SEGUNDA PARTE:
SUEÑOS Y VISIONES DE DANIEL

I. VISIÓN DE LAS CUATRO BESTIAS Y DEL HIJO DEL HOMBRE

Visión de Daniel

7Dn1El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño y visiones en su cabeza mientras estaba en su cama. Enseguida escribió el sueño, hablando del comienzo de los hechos.

2Tomó Daniel la palabra y dijo:

—Estaba mirando en mi visión nocturna y he aquí que los cuatro vientos del cielo agitaban el Mar Grande. 3Cuatro bestias gigantescas salieron del mar, distintas una de otra. 4La primera era como un león y tenía alas de águila. La estaba mirando, cuando le arrancaron las alas; fue alzada del suelo y se levantó sobre sus pies como un hombre, y le dieron un corazón humano. 5Apareció otra segunda bestia semejante a un oso; estaba erguida de una parte con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «Levántate, come carne en abundancia». 6Después de esto yo seguía mirando y apareció otra como un leopardo. Tenía cuatro alas de ave sobre el lomo y la bestia tenía cuatro cabezas. Y le dieron el dominio. 7Después de esto seguí mirando en mi visión nocturna y apareció una cuarta bestia, terrible, espantosa, y extraordinariamente fuerte. Tenía grandes dientes de hierro, comía y descuartizaba, y las sobras las pisoteaba con sus pies. Era distinta de todas las bestias anteriores y tenía diez cuernos. 8Yo miraba atentamente los cuernos, y he aquí que otro cuerno pequeño surgió de entre ellos, y tres de los cuernos anteriores fueron arrancados delante de él. Aparecieron ojos, como ojos humanos, en aquel cuerno, y una boca que profería insolencias.

9»Seguí mirando hasta que se levantaron unos tronos y un anciano en días se sentó.
Su vestido era blanco como nieve, el cabello de su cabeza como lana pura;
su trono, llamas de fuego; sus ruedas, fuego llameante.
10Corría un río de fuego que surgía delante de él.
Miles de millares le servían, miríadas y miríadas permanecían ante él.
El tribunal se sentó y se abrieron los libros.

11»Yo seguía mirando, a la voz de las insolencias que profería el cuerno. Seguía mirando hasta que se le dio muerte a la bestia; su cuerpo fue descuartizado y arrojado a las llamas del fuego. 12Al resto de las bestias les quitaron su dominio, pero se les concedió cierto espacio de vida, hasta un tiempo y una hora.

13Seguí mirando en mi visión nocturna
y he aquí que con las nubes del cielo venía como un hijo de hombre.
Avanzó hasta el anciano venerable y fue llevado ante él.
14A él se le dio dominio, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su dominio es un dominio eterno que no pasará;
y su reino no será destruido.

Significado de la visión

15A mí, Daniel, se me turbó mi espíritu a causa de esto, y las visiones de mi cabeza me asustaron. 16Me acerqué a uno de los que estaban en pie y le pedí la verdad sobre todo aquello. Él me habló y me hizo conocer la interpretación de aquellas cosas:

17—Esas bestias gigantescas, que son cuatro, son cuatro reyes que surgirán de la tierra. 18Pero recibirán el reino los santos del Altísimo y poseerán el reino por siempre, por los siglos de los siglos.

19Entonces quise saber la verdad sobre la cuarta bestia —que era distinta de todas las demás, extraordinariamente terrible, con dientes de hierro y garras de bronce, que devoraba y trituraba, y pisoteaba las sobras con sus pies—, 20y sobre los diez cuernos que había en su cabeza y el otro que surgía y ante el que caían tres —el cuerno aquel con ojos y una boca que profería insolencias y cuyo aspecto era mayor que el de sus compañeros—. 21Yo seguía mirando, y aquel cuerno hizo la guerra a los santos y los venció. 22Hasta que llegó el anciano en días e hizo justicia a los santos del Altísimo, se cumplió el tiempo y los santos tomaron posesión del reino.

23Respondió así:

—La cuarta bestia es un cuarto reino que habrá en la tierra, y que será distinto de todos los reinos: devorará toda la tierra, la aplastará y la triturará. 24Los diez cuernos son diez reyes que surgirán de su reino, y otro surgirá después de ellos. Ése será distinto de los anteriores y destronará a tres reyes: 25pronunciará palabras contra el Altísimo, someterá a prueba a los santos del Altísimo y pretenderá cambiar los tiempos y la Ley. Serán entregados en su mano durante un tiempo, dos tiempos y medio tiempo. 26Pero se sentará el tribunal y le quitará su dominio, destruyéndolo y aniquilándolo definitivamente. 27El reinado, el dominio y la grandeza de los reinos que hay bajo todo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, al que todos los soberanos temerán y se someterán.

Silencio de Daniel

28Aquí el final del informe. A mí, Daniel, mis pensamientos me dejaron turbado y se me mudó el semblante; pero guardé las cosas en mi corazón.

II. VISIÓN DEL CARNERO Y DEL MACHO CABRÍO

Visión de Daniel

8Dn1El año tercero del reinado del rey Baltasar, a mí, Daniel, se me representó una visión después de la que se me había aparecido al principio. 2Contemplaba la visión y sucedió que en mi visión yo me encontraba en la ciudadela de Susa, que está en la provincia de Elam. En la visión vi que yo estaba junto al río Ulay. 3Alcé la vista, miré y he aquí un carnero que estaba plantado delante del río y que tenía dos cuernos. Los dos cuernos eran grandes, pero uno era más grande que el otro, y el más grande salía del otro. 4Vi el carnero que embestía hacia el oeste, el norte y el sur, y ninguna bestia se resistía ante él, ni podía librarse de su poder. Hacía lo que quería y se engrandeció. 5Yo estaba reflexionando cuando he aquí que un macho cabrío venía de occidente por la superficie de toda la tierra sin tocar el suelo. El macho cabrío tenía un admirable cuerno entre los ojos. 6Llegó hasta el carnero de los dos cuernos que yo había visto plantado delante del río, y arremetió contra él con la furia de su fuerza. 7Lo vi acercarse junto al carnero, y, enfurecido contra él, embistió al carnero y le rompió los dos cuernos; y el carnero no tuvo fuerza para resistir ante él. Lo derribó a tierra y lo pisoteó sin que hubiera nadie que librara al carnero de su poder. 8El macho cabrío se hizo extraordinariamente grande, pero al crecer su poderío se le rompió aquel cuerno grande y en su lugar surgieron otros cuatro hacia los cuatro vientos del cielo. 9Y de uno de ellos salió otro cuerno pequeño que creció mucho hacia el sur, hacia el oriente y hacia la Hermosura. 10Creció hasta el ejército de los cielos y derribó a tierra parte de ese ejército y de las estrellas, y los pisoteó. 11Se elevó hasta el jefe del ejército, suprimió el sacrificio cotidiano y derribó el lugar de su santuario. 12Se le dio un ejército contra el sacrificio cotidiano a causa de la transgresión, arrojó por tierra la verdad y actuó obteniendo éxito. 13Después oí a un santo que hablaba, y a otro santo que decía al que estaba hablando: «¿Hasta cuándo durará la visión, el sacrificio cotidiano, la transgresión desoladora actual, el santuario y el ejército pisoteados?». 14Y le contestó: «Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas, y será purificado el santuario».

Interpretación de la visión

15Y sucedió que cuando yo, Daniel, seguía contemplando la visión y trataba de comprenderla, entonces apareció ante mí como la imagen de un hombre. 16Oí una voz humana junto al río Ulay, que gritó diciendo:

—Gabriel, explícale a éste la visión.

17Se acercó adonde yo estaba, y al acercarse me aterroricé y caí de bruces. Me dijo:

—Comprende, hijo de hombre, que la visión es para el tiempo final.

18Mientras él hablaba conmigo quedé inconsciente estando de bruces en el suelo, pero me tocó y me hizo ponerme en pie. 19Me dijo:

—Voy a darte a conocer lo que sucederá al final del tiempo de la cólera, pues está fijado el fin. 20El carnero que has visto, dotado con dos cuernos, son los reyes de Media y de Persia, 21y el macho cabrío es el rey de Grecia, siendo el cuerno grande que había entre sus ojos el primer rey. 22Después de que éste se rompió, surgieron cuatro en su lugar; son cuatro reinos que surgieron de su pueblo, pero no con la misma fuerza de aquél.

23Al final de sus reinados, al colmarse las prevaricaciones,

se alzará un rey insolente y experto en argucias.

24»Su fuerza será poderosa aunque no por ella misma, y devastará obras maravillosas, actuará con gran éxito y destruirá a los poderosos y al pueblo de los santos. 25Con su astucia hará prosperar el fraude en sus manos, se hará grande en su corazón y tranquilamente destruirá a muchos. Se alzará contra el Príncipe de príncipes, pero sin intervención de mano alguna será destrozado. 26La visión sobre la tarde y la mañana de la que se ha hablado es verdad. Pero tú sella la visión porque hay para muchos días.

Reacción de Daniel

27Yo, Daniel, languidecí y estuve enfermo varios días. Después me levanté y me ocupé de los asuntos del rey, pero estaba confundido por la visión y no había quien la comprendiera.

III. INTERPRETACIÓN DE LAS SETENTA SEMANAS

La profecía de Jeremías

9Dn1El año primero de Darío, hijo de Asuero, de la estirpe de los medos, que fue rey sobre el reino de los caldeos, 2el año primero de su reinado, yo, Daniel, indagué en los libros acerca del numero de años que estableció la palabra del Señor dirigida al profeta Jeremías para que se cumpliera la ruina de Jerusalén: eran setenta años. 3Volví mi rostro hacia el Señor Dios, implorándole con oraciones y súplicas, con ayuno, saco y ceniza.

Oración penitencial de Daniel

4Rogué al Señor, mi Dios, y confesé ante Él:

—¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y la misericordia con los que le aman y cumplen sus mandamientos! 5Hemos pecado, hemos cometido iniquidades y hemos delinquido, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. 6No escuchamos a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo llano. 7Tuya, mi Señor, es la justicia; nuestra, la vergüenza en el rostro, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra Ti. 8Señor, la vergüenza en el rostro es nuestra, de nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra Ti.

9»Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, porque nos hemos rebelado contra Él. 10No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas. 11Todo Israel transgredió tu Ley y se desvió sin escuchar tu voz; por eso han caído sobre nosotros la maldición y el juramento que están escritos en la Ley de Moisés, siervo de Dios, pues hemos pecado contra Él. 12Él ha cumplido las palabras que pronunció contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaban, enviando sobre nosotros una gran calamidad, tal, que no la habido bajo todo el cielo como la que ha sucedido en Jerusalén. 13Según está escrito en la Ley de Moisés, toda esta desgracia ha caído sobre nosotros, y no hemos aplacado al Señor, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestras iniquidades y comprendiendo tu veracidad. 14El Señor estuvo atento a la desgracia y la trajo sobre nosotros, porque el Señor, nuestro Dios, es justo en todo lo que hace y no escuchamos su voz. 15Ahora, mi Señor, Dios nuestro, que sacaste a tu pueblo del país de Egipto con mano fuerte y te hiciste un Nombre como el que hoy tienes, hemos pecado y obrado inicuamente. 16Señor mío, según toda tu justicia, retira por favor tu ira y tu furor de tu ciudad de Jerusalén, tu monte santo, porque por nuestros pecados y por las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son objeto de burla ante todos los que nos rodean. 17Escucha ahora, Dios nuestro, la oración de tu siervo y sus súplicas, y haz brillar tu rostro sobre tu santuario asolado, por honor tuyo, mi Señor.

18»Inclina, Dios mío, tus oídos y escucha; abre tus ojos y mira nuestras desgracias y la ciudad que lleva tu nombre; pues no es según nuestras acciones justas como nosotros presentamos nuestras súplicas ante Ti, sino según tu gran compasión. 19Señor mío, escucha; Señor mío, perdona; Señor mío, atiende y actúa. No tardes, Dios mío, por tu honor, pues es invocado tu Nombre sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

Revelación por medio de Gabriel

20Aún estaba yo hablando y suplicando, confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo, Israel, y presentando mis súplicas ante el Señor, mi Dios, en favor del monte santo de mi Dios; 21aún estaba pronunciando la súplica, cuando aquel hombre, Gabriel, que había visto en la visión al principio, llegó volando raudo hasta mí, a la hora de la ofrenda vespertina. 22Él se hizo comprender, habló conmigo y dijo:

—Daniel, ahora he salido para infundirte comprensión. 23Al principio de tus súplicas, se profirió una palabra y yo he venido para comunicártela, porque tú eres un predilecto. Entiende la palabra y comprende la visión:

24Setenta semanas están decretadas para tu pueblo y tu ciudad santa;
para poner fin al delito, cancelar el pecado y expiar la iniquidad,
para traer justicia eterna, sellar la visión y al profeta, y ungir el Santo de los Santos.

25»Conoce y comprende: desde que salió la orden de volver y de la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido, siete semanas; y sesenta y dos semanas y será reconstruida con calle y fosos, pero en la angustia de los tiempos. 26Después de las sesenta y dos semanas se dará muerte a un ungido sin haber falta alguna en él; y el pueblo de un príncipe que vendrá destruirá la ciudad y el santuario, pero su final estará en un cataclismo, y hasta el fin de la guerra ocurrirán las desgracias decretadas. 27Hará una alianza firme con muchos durante una semana, y durante media semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda, y pondrá en el ala del Templo la abominación de la desolación, hasta que el cumplimiento decretado llegue sobre el desolador.

IV. ÚLTIMA VISIÓN

Visión del hombre vestido de lino

10Dn1El año tercero de Ciro, rey de Persia, le fue revelada una palabra a Daniel, a quien se daba el nombre de Baltasar. La palabra era cierta, y la tribulación enorme. Comprendió la palabra y entendió la visión.

2Por aquellos días yo, Daniel, estaba cumpliendo un luto de tres semanas: 3no comía alimentos agradables, ni entraban en mi boca carne o vino, ni me ungí con perfume hasta haber pasado las tres semanas. 4El día veinticuatro del mes primero, estaba yo junto al río grande, el Tigris. 5Alcé los ojos, miré y he aquí que había un hombre vestido de lino, ceñida la cintura con oro de Ufaz; 6su cuerpo era como crisólito, su rostro como el fulgor del relámpago, sus ojos como antorchas de fuego, sus brazos y piernas como destellos de bronce bruñido; el resonar de sus palabras era como el resonar de una multitud.

7Sólo yo, Daniel, veía la visión. Los hombres que estaban conmigo no veían la visión, pero les sobrecogió un gran terror y corrieron a esconderse. 8Quedé yo solo, y contemplé aquella gran visión. Entonces me faltaron las fuerzas, el semblante se me cambió por el abatimiento y no me mantuve firme. 9Oí el resonar de sus palabras y, al oír el resonar de sus palabras, caí de bruces desfallecido con el rostro en tierra.

Saludo del ángel

10Una mano me tocó y me levantó sobre las rodillas y las palmas de las manos. 11Me dijo:

—Daniel, hombre de las predilecciones, atiende a las palabras que voy a decirte y ponte en pie, porque ahora he sido enviado hasta ti.

Cuando me dirigió estas palabras me puse en pie temblando. 12Me dijo:

—No temas, Daniel. Desde el primer día que aplicaste tu corazón a comprender y a humillarte ante tu Dios, tus palabras fueron escuchadas, y yo he venido a causa de tus palabras. 13El príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún días, pero he aquí que Miguel, uno de los príncipes supremos, vino en mi ayuda; por eso me detuve allí, junto a los reyes de Persia. 14Ahora he venido a explicarte lo que ha de suceder a tu pueblo en los últimos días, porque aún hay visión para días.

15Mientras él me dirigía estas palabras, caí de bruces a tierra y enmudecí. 16Entonces alguien como una figura de hijo de hombre me tocó los labios; abrí la boca y hablé al que estaba frente a mí:

—Mi Señor, con la visión me han invadido los dolores y no me he mantenido firme. 17¿Cómo podrá este siervo de mi Señor hablar a éste, mi Señor? Desde ahora no queda en mí fuerza ni me resta aliento.

18De nuevo, alguien como una figura de hombre me tocó y me fortaleció. 19Después me dijo:

—No temas, hombre de las predilecciones; la paz sea contigo, sé fuerte y mantente firme.

Mientras me hablaba me sentí fuerte y dije:

—Habla, mi Señor, pues me has fortalecido.

20Me dijo:

—¿Sabes para qué he venido hasta ti? Ahora volveré a luchar con el príncipe de Persia y, cuando yo salga, vendrá el príncipe de Grecia. 21Pero te comunicaré lo que está escrito en el libro de la verdad. No hay nadie que me ayude contra aquellos sino Miguel, su príncipe.

11Dn1»Yo, durante el primer año de Darío el Medo, estaba presente para hacerle fuerte y darle seguridad.

V. REVELACIÓN DE GUERRAS Y DEL FIN

Guerras entre persas y griegos, lágidas y seléucidas

2»Ahora voy a comunicarte la verdad:

»Todavía surgirán tres reyes en Persia. El cuarto obtendrá riquezas mayores que las de todos los demás y, cuando sea poderoso por su riqueza, volverá a todos contra el reino de Grecia. 3Entonces surgirá un rey fuerte que dominará con gran poderío y actuará como le plazca. 4Pero cuando esté establecido su reino será destruido y dispersado hacia los cuatro vientos del cielo, aunque no entre sus descendientes ni con el dominio con que él dominaba, pues su reino será destruido y será para otros no descendientes suyos.

5»El rey del sur se hará fuerte, pero uno de sus generales se hará más fuerte que él y dominará con más poderío que el de aquél. 6Al cabo de los años harán una alianza y la hija del rey del sur irá al rey del norte para hacer pactos, pero ella no retendrá la fuerza de su brazo y su linaje no subsistirá; será entregada con su séquito, su hijo y el que la protegía en aquel momento. 7Pero un retoño de sus raíces se alzará en lugar de aquél, saldrá a luchar y entrará en la fortaleza del rey del norte, los atacará y vencerá. 8Se llevará cautivos a Egipto a sus dioses, sus ídolos y los objetos preciosos de plata y oro, y por unos años se mantendrá alejado del rey del norte. 9Después éste último entrará en el reino del rey del sur, pero se volverá a su territorio. 10Sus hijos declararán la guerra y reunirán multitud de ejércitos enormes; él llegará, arrasará y pasará; volverá y hará la guerra a la fortaleza de aquél. 11El rey del sur, exasperado, saldrá a luchar contra él, contra el rey del norte, y pondrá en pie una multitud enorme que caerá en sus manos. 12Derrotada esa multitud, se engreirá en su corazón; hará morir a millares pero no prevalecerá. 13Aún volverá el rey del norte y pondrá en pie otra multitud mayor que la primera y, al cabo de unos años, llegará con un gran ejército y abundante avituallamiento. 14En aquellos tiempos muchos se alzarán contra el rey del sur; hijos violentos de tu pueblo se levantarán para que se cumpla la visión, pero fracasarán.

15»Vendrá el rey del norte, levantará un terraplén y conquistará la ciudad fortificada. Las tropas del sur no resistirán, ni siquiera los selectos del pueblo, pues no tendrán fuerza para resistir. 16Si alguien viene contra él, hará lo que él quiera, sin que nadie resista ante él. Se establecerá en la tierra hermosa y toda ella caerá en su poder. 17Pondrá su mira en someter todo el reino de aquél, hará pactos con él y le dará una hija como mujer para hacerlo perecer, pero no prevalecerá ni le saldrá bien. 18Entonces se dirigirá hacia las islas y conquistará muchas, pero un jefe pondrá fin a su insolencia, sin que pueda tomarse desquite. 19Volverá su mirada a las fortalezas de su territorio, pero fracasará, caerá y desaparecerá. 20Surgirá en su lugar el que enviará a un raptor de la gloria del reino, pero en unos días será destrozado sin iras ni guerra.

Antíoco IV Epífanes

21»En lugar de aquél surgirá un despreciable al que no le habían dado la dignidad real; vendrá por sorpresa y se apoderará del reino con intrigas. 22Las tropas invasoras serán desbaratadas ante él y destrozadas; y también el príncipe de una alianza. 23Desde el momento de haberse asociado con él, él actuará con fraude, prosperará y se hará fuerte con poca gente. 24Por sorpresa entrará en los lugares más fértiles de la provincia, y hará lo que no hicieron sus padres ni los padres de sus padres: repartirá a los suyos botín, despojos y riqueza, y tramará sus planes contra las fortalezas, pero hasta un tiempo.

25»Dirigirá su fuerza y su corazón contra el rey del sur con un gran ejército, y el rey del sur se dispondrá a la guerra con un ejército grande y poderoso en extremo, pero no podrá resistir porque tramarán asechanzas contra él. 26Los que comen a su mesa le destrozarán; su ejército será barrido y caerán muchos heridos. 27Aquellos dos reyes, con su corazón lleno de maldad, dirán mentiras en torno a una mesa y no habrá resultado, porque todavía se ha de fijar el fin. 28Volverá a su país con grandes riquezas y con el corazón en contra de la alianza santa; actuará y volverá a su país. 29En el plazo fijado volverá y entrará en el país del sur, pero esta última vez no será como la primera. 30Vendrán contra él las naves de los Quitim, y se asustará, volverá y desahogará su ira actuando contra la alianza santa, y, al volver, se entenderá con los que abandonaron la santa alianza. 31Tropas suyas se impondrán y profanarán el santuario y la ciudadela, abolirán el sacrificio cotidiano y establecerán la abominación de la desolación. 32A los que rompieron la alianza los corromperá con halagos, pero el pueblo que conoce a su Dios se mantendrá firme y actuará. 33Los sabios del pueblo instruirán a muchos, pero caerán a espada, o víctimas del fuego, de cautiverio o de saqueo durante un tiempo. 34Pero en su caída recibirán una pequeña ayuda, aunque muchos se les unirán por adulación. 35De entre los sabios caerán algunos para probarlos, purificarlos y blanquearlos hasta el tiempo del fin, pues todavía ha de ser fijado el fin.

36»El rey actuará a su gusto, se enaltecerá y se engrandecerá sobre cualquier dios, y proferirá insolencias contra el Dios de los dioses; prosperará hasta el cumplimiento de la cólera, porque lo que está decretado se cumplirá. 37No tendrá consideración del dios de sus padres, ni del venerado por las mujeres; no tendrá consideración de ningún dios pues se creerá más grande que todos. 38En lugar de ellos dará culto al dios de las fortalezas; y a un dios que no conocieron sus padres dará culto con oro, plata, piedras preciosas y joyas. 39Atacará fortalezas bien guarnecidas con la ayuda de un dios extranjero; a quienes le reconozcan los colmará de honores, les dará dominio sobre muchos, y les repartirá tierras en recompensa.

Desenlace final y definitivo

40»En el tiempo del fin luchará contra él el rey del sur, pero el rey del norte caerá sobre él como una tormenta, con carros, jinetes y muchas naves; entrará en los territorios, arrasará y pasará. 41Entrará en la tierra hermosa y caerán millares, pero se librarán de sus manos los siguientes: Edom, Moab y la mayor parte de los amonitas. 42Extenderá su mano a otros territorios, y el país de Egipto no logrará escapar. 43Se apoderará de los tesoros de oro y plata y de todos los objetos preciosos de Egipto; libios y etíopes estarán en su séquito. 44Pero noticias llegadas del este y del norte lo turbarán y saldrá con gran furia a destruir y a aniquilar a muchos. 45Plantará las tiendas de su palacio entre el Mar y el hermoso monte santo. Entonces llegará a su fin y no habrá quien le ayude.

12Dn1»En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está al frente de los hijos de tu pueblo; será tiempo de angustia, como no lo ha habido desde que existe nación alguna hasta aquel tiempo. Y en aquel tiempo será salvado tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro. 2Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza, para ignominia eterna. 3Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad. 4Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos lo repasarán y aumentará el conocimiento.

El tiempo del fin

5Yo, Daniel, miré y he aquí que había dos, puestos de pie, uno a esta parte del río y el otro a la otra parte del río. 6Y uno preguntó al hombre vestido de lino, que se hallaba por encima del agua del río:

—¿Cuándo será el fin de los prodigios?

7Y oí al hombre vestido de lino, que se hallaba por encima del agua del río. Alzó las manos derecha e izquierda al cielo, y juró por el que vive eternamente:

—Un tiempo y tiempos y medio tiempo, y cuando acabe de romperse la fuerza del pueblo santo, se cumplirá todo esto.

8Yo oí sin entender y pregunté:

—Mi Señor, ¿qué será lo último de esto?

9Me respondió:

—Vete, Daniel. Las palabras están guardadas y selladas hasta el tiempo del fin. 10Muchos se limpiarán, se blanquearán y se purificarán; los malvados seguirán haciendo el mal, sin que ninguno de los malvados comprenda; pero los sabios comprenderán. 11Desde que sea suprimido el sacrificio cotidiano y coloquen la abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. 12Dichoso el que espere y llegue a los mil trescientos treinta y cinco días. 13Tú vete a tu lugar final y descansa; te alzarás a recibir tu parte al fin de los días.

TERCERA PARTE:
OTRAS HISTORIAS DE DANIEL

I. HISTORIA DE SUSANA

Perversión de los dos ancianos

13Dn1Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín, 2que tomó por esposa a una mujer llamada Susana, hija de Jelcías, muy bella y temerosa del Señor. 3Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la Ley de Moisés. 4Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Los judíos solían acudir a él porque era el más respetado de todos. 5Aquel año dos ancianos del pueblo fueron designados jueces; aquellos de los que dijo el Señor: «La maldad ha brotado en Babilonia de los ancianos jueces, que parecían guiar al pueblo». 6Estos frecuentaban la casa de Joaquín, y todos los que tenían pleitos acudían a ellos.

7Sucedía que cuando la gente se marchaba, a mediodía, Susana salía y paseaba por el jardín de su marido. 8Los dos ancianos la veían a diario cuando salía a pasear, y sintieron deseos de ella. 9Pervirtieron sus pensamientos y desviaron sus ojos para no mirar al cielo ni acordarse de las leyes justas. 10Ambos estaban locos de pasión por ella, pero no se comunicaron su pena el uno al otro, 11pues les daba vergüenza manifestar su deseo ya que querían unirse a ella.

12Cada día acechaban ansiosamente para verla. 13Se dijeron el uno al otro:

—Vámonos a casa, que es hora de comer —y, saliendo, se separaron entre ellos.

14Pero volviéndose, fueron al mismo sitio; y preguntándose uno a otro el motivo, se confesaron su deseo. Entonces planearon juntos el momento propicio en el que pudieran encontrarla sola.

Condena de Susana

15Sucedió que, mientras ellos esperaban el día apropiado, salió ella, como la víspera y la antevíspera, sola con dos criadas y quiso bañarse en el jardín porque hacía mucho calor. 16No había allí nadie, excepto los dos ancianos escondidos que le acechaban. 17Ella dijo a las criadas:

—Tráiganme el aceite y los ungüentos, y cierren la puerta del jardín mientras me baño.

18Ellas hicieron tal como les dijo; cerraron la puerta del jardín y salieron por una puerta lateral a traer lo que se les había ordenado, sin ver a los ancianos ya que estaban escondidos. 19Apenas salieron las criadas, se levantaron los dos ancianos y corrieron hacia ella. 20Le dijeron:

—Las puertas del jardín están cerradas, nadie nos ve, y nosotros sentimos deseos de ti; así que danos tu consentimiento y únete a nosotros. 21Si no, daremos testimonio contra ti de que un joven estaba contigo y por eso habías mandado afuera a las criadas.

22Susana lanzó un gemido y dijo:

—Estoy atrapada por todas partes: si hago eso, mereceré la muerte; si no lo hago, no escaparé de sus manos. 23Pero mejor es para mí no hacerlo y caer en sus manos que pecar delante del Señor.

24Susana gritó con voz fuerte, y los dos ancianos, por su parte, gritaban contra ella. 25Uno de ellos fue corriendo y abrió la puerta del jardín. 26Al oír los gritos en el jardín, los de la casa vinieron corriendo por la puerta lateral a ver qué le había pasado. 27Cuando los ancianos contaron su historia, los criados se avergonzaron muchísimo porque nunca se había dicho nada semejante de Susana.

28Al día siguiente, cuando la gente acudió a casa de Joaquín, su marido, vinieron también los dos ancianos llenos de perversas intenciones contra Susana, con el fin de darle muerte. 29Dijeron ante el pueblo:

—Vayan a buscar a Susana, hija de Jelcías, mujer de Joaquín.

Y enviaron a buscarla.

30Vino ella con sus padres, sus hijos y todos sus parientes. 31Susana era muy delicada y de hermoso aspecto. 32Aquellos transgresores de la Ley le ordenaron quitarse el velo —pues iba cubierta con velo—, de modo que pudieran saciarse de su belleza. 33Todos los suyos y cuantos la veían lloraban. 34Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron las manos sobre la cabeza de Susana. 35Ella, llorando, miró hacia el cielo, porque su corazón confiaba en el Señor. 36Los ancianos dijeron:

—Mientras nosotros paseábamos solos por el jardín, salió ésta con dos criadas, cerró la puerta del jardín y despidió a las criadas. 37Entonces llegó hasta ella un joven que estaba escondido y se unió a ella. 38Nosotros estábamos en una esquina del jardín y, al ver aquella iniquidad, corrimos hacia ellos. 39Los vimos abrazados, pero a él no pudimos sujetarlo, porque era más fuerte que nosotros y, abriendo la puerta, salió corriendo. 40En cambio, a ésta la agarramos y le preguntamos quién era el joven, 41pero no quiso decírnoslo. De esto damos testimonio.

La asamblea les creyó puesto que eran ancianos del pueblo y jueces, y la condenaron a muerte. 42Susana gritó con fuerte voz y dijo:

—Dios eterno, que conoces lo que está oculto, que sabes todo antes de que suceda: 43Tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora voy a morir sin haber hecho nada de lo que éstos han tramado perversamente en mi contra.

44Y el Señor escuchó su voz.

Intervención de Daniel

45Cuando la llevaban para ejecutarla, Dios suscitó el espíritu santo de un muchacho llamado Daniel, 46que gritó con fuerte voz:

—Yo soy inocente de la sangre de ésta.

47Toda la gente se volvió hacia él, y le preguntaron:

—¿Qué es eso que estás diciendo?

48Él, de pie en medio de ellos, contestó:

—¿Tan necios son, hijos de Israel? ¿Así, sin hacer juicio ni conocer toda la verdad, condenan a una hija de Israel? 49Vuelvan al tribunal, porque ésos han dado falso testimonio contra ella.

50Todo el pueblo volvió de prisa, y los ancianos le dijeron:

—Ven, siéntate en medio de nosotros e infórmanos, porque Dios te ha dado la ancianidad.

51Daniel les dijo:

—Sepárenlos lejos uno del otro, y los interrogaré.

52Cuando estuvieron separados el uno del otro, él llamó a uno de ellos y le dijo:

—¡Te has hecho viejo en días de maldad! Ahora han vuelto tus pecados, los que cometías antes, 53cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, mientras que el Señor dice: «No matarás al inocente ni al justo». 54Ahora pues, si tú viste a ésta, di bajo qué árbol los viste abrazados.

Él contestó:

—Debajo de la acacia.

55Respondió Daniel:

—Has mentido bien contra tu propia cabeza, pues un ángel de Dios ha recibido ya la sentencia divina y te va a partir por medio.

56Apartó a aquél y mandó traer al otro. Le dijo:

—¡Raza de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. 57Así hacían con las hijas de Israel y ellas por miedo yacían con ustedes; pero una hija de Judá no ha tolerado su iniquidad. 58Ahora, pues, dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?

Él contestó:

—Debajo de la encina.

59Daniel le dijo:

—También tú has mentido bien contra tu propia cabeza, pues el ángel de Dios está esperando con la espada para partirte por medio. Así acabará con ustedes.

60Entonces toda la asamblea gritó con voz fuerte y bendijo a Dios que salva a los que esperan en Él. 61Se alzaron contra los dos ancianos, ya que Daniel los había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían tramado contra el prójimo. 62Actuaron según la Ley de Moisés y les dieron muerte. Aquel día se salvó sangre inocente.

63Jelcías y su mujer alabaron a Dios por su hija Susana, junto con su marido Joaquín y todos sus parientes, porque no se había encontrado nada vergonzoso en ella. 64Daniel gozó de gran prestigio ante el pueblo desde aquel día y en lo sucesivo.

II. DOS HISTORIAS SOBRE LOS ÍDOLOS

El ídolo Bel

14Dn1El rey Astiages fue sepultado junto a sus padres, y recibió su reino Ciro el Persa. 2Daniel vivía con el rey, y era más estimado que todos sus amigos. 3Los babilonios tenían un ídolo llamado Bel, y cada día gastaban para él doce arrobas de flor de harina, cuarenta ovejas y seis metretas de vino. 4El rey lo veneraba e iba cada día a adorarlo. Daniel en cambio adoraba a su Dios. 5Le preguntó el rey:

—¿Por qué no adoras a Bel?

Él respondió:

—Porque no venero ídolos fabricados con las manos, sino al Dios vivo que ha creado el cielo y la tierra y tiene poder sobre todo ser vivo.

6Le preguntó el rey:

—¿Te parece que Bel no es un dios vivo? ¿O no ves cuánto come y bebe cada día?

7Contestó Daniel riendo:

—No te engañes, oh rey, pues ése es de barro por dentro y de bronce por fuera, y nunca ha comido ni bebido.

8El rey, enfadado, llamó a sus sacerdotes y les dijo:

—Si no me dicen quién es el que come este gasto, morirán; pero si me demuestran que se lo come Bel, morirá Daniel, por haber blasfemado contra Bel.

9Contestó Daniel al rey:

—Que se haga según tu palabra.

10Los sacerdotes de Bel eran setenta, sin contar mujeres y niños. El rey fue con Daniel al templo de Bel, 11y dijeron los sacerdotes de Bel:

—Mira, nosotros saldremos fuera; tú, oh rey, coloca los alimentos, pon el vino mezclado, después cierra la puerta y séllala con tu anillo. 12Cuando vengas por la mañana, si no encuentras todo comido por Bel, moriremos nosotros o morirá Daniel, que miente en contra nuestra.

13Ellos se sentían seguros porque habían hecho una entrada secreta debajo de la mesa, y por ella entraban todas las veces y consumían los alimentos.

14Cuando ellos salieron y el rey hubo colocado los alimentos para Bel, Daniel dio órdenes a sus criados y éstos trajeron ceniza, y la esparcieron por todo el templo, en presencia únicamente del rey. Después salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo del rey y se marcharon.

15Los sacerdotes vinieron por la noche según su costumbre, con sus mujeres y niños, se comieron todo y acabaron con la bebida. 16El rey madrugó a la mañana y con él Daniel. 17El rey preguntó:

—¿Están intactos los sellos, Daniel?

El respondió:

—Intactos, oh rey.

18Nada más abrirse las puertas el rey miró a la mesa y gritó con voz fuerte:

—Grande eres, oh Bel, y no hay en ti engaño alguno.

19Daniel se echó a reír, sujetó al rey para que no entrase dentro y dijo:

—Mira el suelo y fíjate de quien son esas huellas.

20El rey respondió:

—Veo las huellas de hombres, mujeres y niños.

21Y montando en cólera, el rey hizo apresar entonces a los sacerdotes, las mujeres y sus niños, que le enseñaron las puertas secretas por las que entraban y consumían lo que había en la mesa. 22El rey los mandó matar y entregó a Bel en poder de Daniel, que lo destruyó junto con su templo.

El dragón tenido por Dios vivo

23Había también un enorme dragón y los babilonios lo adoraban.

24El rey dijo a Daniel:

—No podrás decir que éste no es un dios vivo; adórale.

25Respondió Daniel:

—Adoraré al Señor, mi Dios, porque Él es el Dios vivo. 26Tú, oh rey, dame permiso y yo mataré al dragón sin espada ni palo.

Contestó el rey:

—Te lo doy.

27Daniel tomó pez, grasa y pelos; coció todo junto, hizo unas bolas y las arrojó a la boca del dragón. Tras comérselas el dragón reventó.

Daniel dijo:

—Miren lo que veneraban.

Salvación de Daniel

28Sucedió que cuando lo oyeron los babilonios se irritaron mucho. Se volvieron contra el rey y decían:

—El rey se ha hecho judío; ha derribado a Bel, ha dado muerte al dragón y ha degollado a los sacerdotes.

29Y yendo hasta el rey dijeron:

—Entréganos a Daniel, porque si no, te mataremos a ti y a tu familia.

30El rey vio que le presionaban con mucha fuerza y, obligado, les entregó a Daniel. 31Ellos lo arrojaron al foso de los leones y estuvo allí seis días. 32En el foso había siete leones a los que echaban diariamente dos cuerpos humanos y dos ovejas. Pero entonces no les echaron nada para que devoraran a Daniel.

33Entretanto el profeta Habacuc estaba en Judá; había preparado un cocido y cortado panes en una olla, y salía al campo a llevarlo a los segadores. 34Entonces el ángel del Señor dijo a Habacuc:

—Lleva la comida que tienes a Babilonia, a Daniel que está en el foso de los leones.

35Replicó Habacuc:

—Señor, nunca he visto Babilonia ni conozco el foso.

36El ángel de Señor lo agarró por la cabeza y, sujetándolo del cabello de la coronilla, lo dejó en Babilonia encima del foso, con el ímpetu de su espíritu. 37Habacuc gritó diciendo:

—¡Daniel, Daniel, toma la comida que te ha enviado Dios!

38Contestó Daniel:

—Así pues, te has acordado de mí, oh Dios, y no has abandonado a los que te aman.

39Daniel se puso en pie y comió. El ángel del Señor volvió a llevar inmediatamente a Habacuc a su sitio. 40El rey fue el día séptimo a llorar a Daniel; llegó al foso, miró dentro y Daniel estaba sentado. 41Gritando con fuerte voz dijo:

—Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay otro sino Tú.

42Después lo sacó, y a los causantes de su condena los arrojó al foso; e inmediatamente fueron devorados ante él.