COMENTARIO

 Dn 9,4-19 

Oración penitencial en la que Daniel se muestra solidario con el pueblo pecador e intercede por él. Reconoce que Dios ha actuado justamente enviando aquel castigo (vv. 4-8), pero recuerda que a Dios pertenece también el perdón y la misericordia (v. 9). Dios ha castigado según la Ley de Moisés (v. 13), pero Él, que sacó al pueblo de Egipto (v. 15), puede escuchar a sus siervos que le suplican apoyándose en sus grandes misericordias (v. 18). Así Dios hará honor a su Nombre (vv. 17.19). Comentando el v. 18 San Jerónimo señala: «Se expresa según los sentimientos humanos de modo que cuando seamos escuchados parezca que Dios inclina su oído; cuando Dios se digne mirarnos, parezca que abre sus ojos; y cuando aparta su cara, parezcamos indignos ante sus ojos y oídos» (Commentarii in Danielem 9,18). Por otra parte, San Basilio hace notar que el ayuno prepara la revelación posterior: «El sabio Daniel no habría percibido la visión, si no hubiera hecho que el alma tuviera más capacidad de discernir por el ayuno» (De jejunio 1,9). Oraciones penitenciales similares se encuentran en Esd 9,6-15; Ne 9: Sal 51; Ba 1,15-3,8. La oración de Daniel, aunque situada en el destierro, tiene actualidad en todo momento. También para la Iglesia que «abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 8).

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