COMENTARIO
Daniel es llamado «hombre de las predilecciones» (10,11.19), como lo fuera ya en 9,23, indicándose de este modo su vocación y misión proféticas. Puesto que este ángel es portador de la palabra podemos pensar que se trata de Gabriel como en 9,23. Las palabras del saludo «no temas» anuncian ya que Dios es favorable, y pertenecen al leguaje propio de los anuncios angélicos (cfr Lc 1,13.30). La visión que se va a revelar a Daniel ya estaba también preparada desde el momento mismo de la invasión babilónica sobre Jerusalén, tal como lo había dicho el profeta Habacuc: «La visión aguarda su tiempo… si se demora, espérala» (Ha 2,3). Si el ángel se ha retrasado veintiún días en venir —el tiempo equivalente a las tres semanas de 10,2—, ha sido porque el ángel protector de Persia lo ha retenido queriendo impedir que la revelación del fin llegue a Israel. Bajo esta forma de hablar subyace la idea de que cada nación tiene un ángel que la protege. En la antigua mentalidad politeísta sería un dios; para el monoteísmo judío se transforma en ángel. Además de expresar la providencia divina sobre cada pueblo, aquí se deja entrever que lo que sucede en la tierra se desarrolla al mismo tiempo en el ámbito celeste superior, o dicho de otra forma, que es ahí donde se deciden los destinos de las naciones en la tierra. Miguel, por ser el ángel defensor de Israel, es el único que ayuda al ángel revelador, Gabriel, a llevar el anuncio de salvación hasta el pueblo elegido (10,21). Miguel, cuyo nombre significa: «¿Quién como Dios?», pertenecía según la tradición de Israel a la jerarquía más alta de los ángeles y había sido el que, junto a Uriel, Ragael y Gabriel, había luchado y encadenado a los ángeles caídos. En Judas 9, donde se recuerda su lucha con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, se le llamará «arcángel». Miguel es mencionado también en Ap 12,7. «Miguel significa: “¿Quién como Dios?” (…) Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiere un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer» (S. Gregorio Magno, Homiliae in Evangelia 2,34,9). La Iglesia, nuevo pueblo de Dios, tiene asimismo al arcángel Miguel como su ángel protector.
La acción del ángel de tocar los labios a Daniel (10,15-19) es similar a la que experimentan Isaías y Jeremías (cfr Is 6,7; Jr 1,9), con la diferencia de que ahora todo va encaminado a que Daniel pueda hablar con el ángel y reciba la revelación, mientras que en los otros profetas se orientaba a que hablasen al pueblo.
La revelación que Daniel va a recibir son los designios divinos sobre la historia; designios inalterables pues están escritos en el libro de la verdad (v. 21). La imagen de un libro en el que Dios tiene consignadas las acciones de los hombres para el juicio aparece con frecuencia en el Antiguo Testamento (cfr Ex 32,32-33; Sal 56,9) y es un tema recurrente también en el Nuevo (cfr Ap 20,12); pero ahora se trata de algo más, de los designios de Dios de cara al futuro. Es una forma de decir que el futuro ya está predeterminado en Dios.