COMENTARIO
La Vulgata latina tradujo «hombre de las predilecciones» (cfr 10,11) por «hombre de deseos» (vir desideriorum): «Se le llama adecuadamente varón de deseos a él que por la insistencia de la oración y la aflicción del cuerpo y la dureza del ayuno desea saber las cosas venideras y conocer los secretos de Dios» (S. Jerónimo, Commentarii in Danielem 10,19). La traducción es un tanto libre, pero ha originado unos desarrollos notables en la literatura ascética cristiana, muestra de lo cual es el libro Varón de deseos del Venerable Juan de Palafox. También San Josemaría Escrivá hacía uso de esta expresión del texto de Daniel aplicándola al afán apostólico del cristiano: «Deja que se consuma tu alma en deseos… Deseos de amor, de olvido, de santidad, de Cielo… No te detengas a pensar si llegarás alguna vez a verlos realizados —como te sugerirá algún sesudo consejero—: avívalos cada vez más, porque el Espíritu Santo dice que le agradan los “varones de deseos”. Deseos operativos, que has de poner en práctica en la tarea cotidiana» (Surco, n. 628).